Monday, January 16, 2017

Yo, el líder ¿Nosotros, sus servidores?


Tomado de la revista Envio No. 261 Diciembre 2003 ver: http://www.envio.org.ni/utils/imprimir.php



Estas reflexiones, escritas hace varios años, sirven de espejo frente al que colocar a los dirigentes políticos de Nicaragua y de nuestro continente. Sus personalidades, los círculos de servidores que los rodean, sus limitaciones al decidir... ¿No resulta fácil identificar de quiénes se habla en este texto?

Carlos Matus

El líder está enjaulado, aislado, prisionero de la cor-te complaciente que controla los accesos a suimportante persona. Pero su jaula es de cristal, transparente y bien iluminada. Es un hombre sin vida privada, siempre en la vitrina de la opinión pública. El palacio de gobierno es una jaula cómoda y dorada, tan amplia como un país, pero tensa, vulnerable y acosada. En ella, la vida del líder se asemeja a una actuación teatral agotadora y persistente. 

EL LÍDER: UN PERMANENTE ACTOR
EN SU JAULA DE CRISTAL

El líder está obligado a representar un papel que no tiene horario. Esta tensión sería mortal para él si no pudiera refugiarse esporádicamente en la intimidad de su camarín. Allí está su círculo de amistades que le ofrece soporte emocional y privacidad. De manera que el dirigente alterna su trabajo agobiante entre la salida a escena, cegado por las luces que iluminan el teatro de su representación política, y el refugio que le depara la intimidad de su círculo de protegidos en la media luz tenue de un rincón de la jaula de cristal. Allí descansa, se retira de la escena y deja de actuar. Pero él no puede elegir la duración y la oportunidad de cada salida a escena ni el tiempo de cada momento de refugio. El líder tiene sólo un control débil de su tiempo y de su atención. Es un hombre acosado por las presiones y las urgencias.

Antes de hablar de la necesidad de soporte tecnopolítico que tiene el líder, es importante comprender que él, como ser humano, se refugia con fuerza en ese círculo íntimo que lo protege del público, y que está sujeto, en primera y más fuerte instancia, a las opiniones que allí se gestan. La asesoría tecnopolítica que le pudiera ofrecer soporte cognitivo a su conducción es muy importante, pero representa el cálculo frío que debe competir con el soporte emocional cálido que le ofrece su corte. Cuando estos soportes son contradictorios, tiene que elegir entre ellos. Es una decisión difícil. En el líder común tiende a triunfar el soporte cálido de la corte, en el estadista triunfa con mayor frecuencia el cálculo frío de su asesoría tecnopolítica. Cuando se trata del líder solitario, huraño y obsesivo, sin corte y sin asesores, de todas maneras esta lucha de criterios se produce al interior de sus pensamientos, como una oposición entre la pasión y la razón.

CAPACIDAD DE GOBIERNO,
PROYECTO DE GOBIERNO Y GOBERNABILIDAD

Los líderes se forman en la lucha práctica y adquieren las características propias del proceso y la cultura política del espacio social en el cual operan. Son luchadores que sienten desde jóvenes la ambición de ser conductores y eligen ser políticos, pero su vida política se desarrolla en circunstancias, oportunidades y posibilidades que no está en sus manos elegir.

Estas circunstancias juegan a veces un papel decisivo en la selección de los líderes. Encumbran a algunos en forma inesperada y decretan la espera indefinida de otros que se sentían llamados al poder. Y aquí la historia muestra sus sorpresas: crea héroes de la nada o sepulta prestigios bien anunciados. Como son la lucha política y sus circunstancias las que forman, principalmente, el carácter del conductor, éste, con sus atributos y deficiencias, no encaja necesariamente en la medida de los problemas de gobierno que debe enfrentar. La selección de los líderes se produce en el juego de la lucha por el poder, mientras que su evaluación definitiva se realiza en el juego del ejercicio del poder. Por eso es común encontrar en las democracias un liderazgo competente para ganar elecciones, pero una cierta incompetencia para gobernar.

La competencia, experticia o capacidad de gobierno de los líderes y la influencia que ella tiene en el desempeño de un gobierno determinado resultan fundamentales. Aislar el impacto de la capacidad de gobierno en el desempeño de un equipo gobernante es algo imposible, pues la eficacia de la acción en una situación concreta depende probablemente con más fuerza de otras dos variables: la envergadura y contenido del proyecto de gobierno y la gobernabilidad que el sistema social presenta y genera ante el intento de realizar el proyecto de gobierno.

En ese intento de cambio, el equipo de gobierno está condicionado por sus habilidades y capacidades, las que serán desafiadas en medida proporcional a la ambición del proyecto de gobierno y a la dificultad de cambio que expresa la gobernabilidad del sistema. Por su parte, la gobernabilidad del sistema no es ajena a la capacidad de gobierno ni a la profundidad de los cambios que intenta el proyecto de gobierno. Las relaciones de fuerzas políticas y económicas, internas y externas, que se gestan en torno al equipo de gobierno y su proyecto, explican el balance de gobernabilidad.

Se trata de un sistema triangular donde la capacidad de gobierno, el proyecto de gobierno y la gobernabilidad, se influencian mutuamente. El desempeño de un equipo de gobierno depende de estas tres variables y la capacidad de gobierno es sólo una de ellas.

LAS REGLAS DEL JUEGO POLÍTICO

La capacidad de gobierno es un tipo muy especial de capital intelectual que no guarda una relación mecánica con el nivel cultural de un país, la calidad de sus universidades y profesionales o la inteligencia media de su población. En América Latina es común observar casos de países con buen nivel cultural, con buenas universidades y buenos profesionales y con un pueblo inteligente y educado, que tienen baja capacidad de gobierno.
Las reglas del juego político-institucional definen el espacio de variedad en que los dirigentes pueden desarrollar sus capacidades, acumular experticia y construir una determinada capacidad de gobierno como necesaria o superflua en la práctica política. Esas reglas pueden premiar o castigar la improvisación, el inmediatismo, el clientelismo, el engaño, la corrupción, la ineficacia para enfrentar los grandes problemas, la falta de creatividad y la irresponsabilidad ante el pueblo mandante. Pueden poner también más énfasis en la experticia electoral que en la de gobierno, en el desempeño personal más que en la eficacia social, y en la respuesta del momento y de la coyuntura más que en el gran proyecto social.

CAPACIDAD DE ELEGIR GOBERNANTES
PERO NO DE EVALUARLOS Y DE PARTICIPAR

La capacidad de gobierno se desarrolla sólo si es necesaria y funcional a las reglas del juego político. En América Latina, detrás de la baja capacidad de gobierno está la crisis del estilo de hacer política, que le entrega al ciudadano la capacidad de elegir a sus gobernantes, pero le niega la capacidad de evaluarlos periódicamente y de participar en la gestión de gobierno. Ese estilo de hacer política se nutre de varios antecedentes históricos y se manifiesta en las características del liderazgo.

Este liderazgo reproduce las reglas del juego político y frena las posibilidades de elevar la capacidad de gobierno. La crisis se agudiza en la medida en que los grandes problemas se agravan y el acto de gobernar se disocia de los esfuerzos por enfrentarlos. Pareciera que los grandes problemas son considerados inevitables, es decir parte del paisaje. La población no se resigna ante la incapacidad de sus gobiernos y expresa su repudio buscando nuevos liderazgos personales y desvalorizando los partidos políticos. La población no puede diferenciar entre la gobernabilidad y la capacidad de gobierno y por consiguiente, repudia crecientemente los liderazgos políticos tradicionales. La democracia no tiene la protección de la eficacia y su futuro está en peligro. ¿Qué pasa con nuestros líderes? ¿Por qué no interpretan correctamente el mensaje?

SOBRECARGADOS DE TRABAJO
Y FUERTEMENTE TENSIONADOS

Conviene distinguir entre las características personales de los líderes y las características institucionales de las posiciones de liderazgo, así como entre la capacidad personal e institucional del gobierno.

Las posiciones de liderazgo condicionan la práctica y la personalidad de los líderes, exigen asumir una representación y entrar en la jaula de cristal, y con independencia de la personalidad de los líderes, generan procesos prácticos bastante comunes que terminan por afectar la formación misma del carácter del dirigente. Las posiciones de liderazgo tienen varias características comunes:

Sobrecarga cuantitativa de trabajo. Son muchas las actividades rutinarias, rituales e intermedias que toman gran parte del tiempo y la energía de los líderes. Sus agendas están siempre sobresaturadas. Sin considerar las actividades simbólicas, en la alta dirección central de un gobierno latinoamericano se toma un promedio de tres mil decisiones mensuales, distribuidas así: decisiones muy importantes (5), decisiones importantes (45), decisiones significativas (300), decisiones rutinarias (2,650). Pero todas estas decisiones compiten, casi con igual peso, por el tiempo del dirigente.

En esta sobrecarga de trabajo influye una característica esencial del proceso político: el liderazgo es transitorio y está siempre en peligro de reemplazo. Por ello, el líder debe invertir parte significativa de su tiempo en actividades destinadas a mantener su posición de liderazgo. Cuando se entra al alto gobierno, la lucha política no cesa. Por el contrario, se elevan sus exigencias. Así, el líder debe enfrentar muchos problemas intermedios que la población no siente ni valora. Sin embargo, para el dirigente la acción eficaz sobre los problemas intermedios es una inversión indispensable para renovar constantemente su liderazgo amenazado.

Sobrecarga cualitativa de trabajo. Deriva de complejos problemas no bien estructurados o cuasi estructurados que debe enfrentar, siempre nuevos, sin soporte apropiado de conocimientos, con presión de tiempo y en condiciones de tensión situacional. El líder debe decidir sobre muchas cosas que no conoce. En los sistemas altamente centralizados esto resulta aún mucho más agobiante.

Sometimiento a fuerte tensión situacional. La repetitividad de condiciones de angustia, de responsabilidad y tensión crea peligrosas posibilidades de error en el manejo de decisiones en situaciones de crisis, donde inevitablemente se deben tomar decisiones en el momento, bajo extremas condiciones de tensión, desequilibrio emocional, peligro, zozobra y, a veces, pérdida del control del tiempo. El dirigente está expuesto a caer en decisiones de pánico: “huir hacia delante” -un tipo de extremismo peligroso-, retroceder en caos, abandonar innecesariamente los objetivos, subutilizar el poder acumulado, abandonarse a las circunstancias, caotizar las trayectorias de las acciones, refugiarse en la pasividad a la espera de que los problemas se resuelvan solos, etc.

Limitaciones a la vida normal. La protección cortesana y el ejercicio del poder de pasillo hacen que el líder esté sujeto a una constante presión de los otros por tener acceso a él. La protección cortesana es una respuesta a las presiones por el acceso, pero esa protección, si bien aparece como un control de puertas, en el fondo opera como un control de su mente. Por esta vía el líder pierde parte de su capacidad de vivencia y percepción directa de la realidad, limitación que es defectuosamente compensada por informes y apreciaciones de su círculo más íntimo. Así, la protección cortesana distorsiona la apreciación situacional del líder y condiciona la enumeración de las posibles opciones de acción frente a ella.

Tendencia al mal uso del tiempo y de la atención. Se refuerza el problema anterior, porque el líder siente que la formalidad de la planificación de su tiempo en una agenda lo aprisiona y reduce su tiempo de libertad. La agenda formal contiene pocas importancias y muchas urgencias. En la agenda real, esta relación es aún peor.

MANIPULADO Y LIMITADO,
PRISIONERO DE POMPAS Y RITUALES

Refuerzo de los defectos y errores. Los allegados, los aduladores, la necesidad de un círculo íntimo, el respeto y el miedo al dirigente, la devoción leal pero enfermiza, la competencia por servirlo, la pugna por acceder a él llamando su atención, el oportunismo cortesano, etc. son algunas de las causas de un proceso donde se refuerzan los defectos y errores. En lugar de desarrollar su capacidad de corregirlos oportunamente, el tiempo intensifica la incapacidad de corregirse de un dirigente, rodeado de halagos y protegido por el filtro que le cierra el paso a las críticas supuestamente interesadas de los opositores. Hay que evitarle al presidente los disgustos. Los bufones de la corte son necesarios y bienvenidos. Los críticos sinceros duran poco tiempo al lado del líder. Esto lo aleja de la realidad y su visión se distorsiona en la misma medida en que se agranda su propia autoestima. Los líderes tienden a ser vanidosos y soberbios y necesitan el refuerzo del halago.
Esta característica de las posiciones de liderazgo es muy curiosa, pues los líderes políticos son víctimas concientes de ella y no pueden alegar ignorancia. Uno de los Papas más corruptos de la época negra de la Iglesia Católica, Alejandro VI, un Borgia del siglo XV, dice en un Concilio: El más atroz de los peligros para cualquier Papa está en el hecho de que, cercado como vive de lisonjeadores, jamás escucha verdades sobre su persona y acaba por no querer escucharlas. Y Alejandro VI se caracterizó justamente por su depravación, venalidad y sordera ante cualquier asomo de crítica. Si aceptamos esta cita y muchas otras que nos ofrece la historia, debemos concluir que la ceguera del poder, como forma particular y aguda de la ceguera situacional, es inevitable aún para los líderes más inteligentes.

Manipulación hacia opciones restringidas. Los líderes están generalmente limitados al conocimiento de muy pocas opciones, y éstas están muchas veces encajonadas en el espacio de la continuidad de lo mismo. Bárbara Tuchman, en el excelente libro A marcha da Insensatez (1984), refiriéndose a muchas experiencias históricas de gobierno, que cubren desde la operación Caballo de Troya hasta la guerra de Vietnam, dice: La insensatez presente en estos ejemplos pertenece a la categoría de autoaprisionamiento del raciocinio: no disponemos de otra alternativa. En la historia política latinoamericana éste es un argumento constante en defensa de un plan ineficaz o ineficiente: es la única alternativa posible.

Prisioneros de pompas y rituales. Terminan por envolverlos y crearles un entorno de comodidad complaciente y gratificante, que hiperrefuerza su ego y multiplica la distorsión de sus visiones. La jaula de cristal es cómoda y agradable, pero de afuera hacia adentro no se ve la misma realidad que de adentro hacia fuera. El cristal de la jaula no sólo deforma las imágenes sobre la realidad, sino los valores con que el líder la observa. La ética del poder es distinta de la ética de la oposición o de la ética del hombre común.

Hipertrofia de su seguridad y confianza en su experiencia. Estas características lo llevan a reforzar su pragmatismo y a desvalorizar la asesoría profesional. El cargo de importancia conduce a la hipervaloración de la experiencia, disociada del capital intelectual con que se acumula. Pero la importancia del cargo no compensa la importancia de la diferencia de capital intelectual con que se ejerce. Es común que el líder sufra del síndrome del vencedor, que crea confianza, a veces sin base, en la superioridad de sus capacidades.

LIMITACIONES EN LA PERSONALIDAD
Y LIMITACIONES DE TIEMPO

Limitada capacidad para discernir. Discernir con profundidad las cualidades y deficiencias de los equipos técnicos en los cuales debe confiar es una tarea ante la cuál el líder se ve limitado. Sólo puede calificar a sus colaboradores técnicos por referencias indirectas y visiones públicas de prestigio. Tiene una propensión a privilegiar la lealtad por sobre la capacidad, que se combina con una inclinación a la relación paciente-médico, que lo mueve a entregar su confianza a otros en el ámbito de los problemas que no conoce. En América Latina, la relación del líder con los técnicos tiende a ser una relación de fe y credibilidad, en vez de ser una interacción sinérgica de experiencias y conocimientos entre la política y la técnica.

Limitación de tiempo para mostrar efectividad. El líder vive períodos de gobierno demasiado cortos para problemas demasiado largos y períodos demasiados cortos de capacidades. La posición del gobernante es transitoria en las democracias y se ejerce en períodos demasiado breves, si de lo que se trata es de darle continuidad a un buen gobierno. Y a veces, en los malos gobiernos ocurre todo lo contrario y la población quisiera que se fuera cuanto antes. En el primer caso, se perjudica la eficacia del proceso de decisiones, pues se desanima al gobernante para emprender los grandes proyectos de larga maduración con los que se enfrentan los grandes problemas, y se limita su capacidad de hacer un aprendizaje eficaz en el gobierno. En el segundo caso, se hace más lenta la capacidad de corrección, pues se debe esperar hasta el inicio de un nuevo gobierno para redefinir los planes.

Aquí debe destacarse también que el valor del tiempo en las posiciones de liderazgo es distinto al principio y al final del período de gobierno. Una semana en el primer mes de gobierno vale por varios meses en el período de término. Por ello, el desperdicio de los seis primeros meses de gobierno puede marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso. Infelizmente, los conductores tienden a pensar en serio en sus planes de gobierno sólo cuando han superado las dificultades de la campaña electoral. Es como si no pudieran pensar, al mismo tiempo, en la estrategia electoral y en la estrategia de gobierno. Esta dificultad para combinar ambas estrategias en el momento electoral responde a un estilo viejo de hacer política, muy arraigado en América Latina, donde el momento electoral se disocia casi completamente del momento de gobierno, en una suerte de simulación teatral del momento electoral que linda con el cinismo político.

LA INFORMACIÓN, EL EQUIPO
Y LA TENTACIÓN DE LA CORRUPCIÓN

El peso de la responsabilidad y la amortiguación de la información. Estas dos realidades producen en el líder el miedo a innovar. Así se refuerza la tendencia a buscar refugio en la corriente de opinión dominante. El promedio del consenso se convierte en la regla más segura de conducta para minimizar los flancos de ataque, pero al mismo tiempo es la medida de la mediocridad. La creatividad y la innovación aparecen como una posibilidad de ridículo social o a lo menos, como un riesgo innecesario de experimentación que puede ser muy costoso. La indecisión crece en proporción a la importancia de las decisiones y el valor de los problemas. Por consiguiente, el miedo a innovar conduce a ignorar los grandes problemas y a transformarlos en parte del paisaje social. Por ello, desgraciadamente, las posiciones de liderazgo, salvo excepciones notables, tienden a convertirse en posiciones de administración continuista.

Dificultad para trabajar en equipo. Si se trata de grupos superiores a siete u ocho personas que tienen distinto vocabulario, y de personalidades muy diversas que responden a una variedad de intereses y poseen una formación intelectual o profesional que genera visiones encontradas, es muy difícil e incómodo trabajar en equipo.
Sobre este punto es ilustrativo el análisis de Stephen Wayne (The United States y Advising the Rulers), cuando señala que desde Franklin Roosevelt, los presidentes de Estados Unidos prefieren tratar con los miembros de su gabinete en forma individual. La dificultad para trabajar en equipo al parecer sobrepasó la reconocida fuerza de voluntad del presidente Jimmy Carter, quien, según este estudio, mostró este récord: reuniones de gabinete en el primer año: una cada semana; en el segundo año: semana de por medio; en el tercer año: una al mes; en el cuarto año: sólo ocasionalmente.
En el caso latinoamericano se respeta, en general, la formalidad de las sesiones de gabinete, pero los problemas realmente importantes se tratan en pequeños grupos, más homogéneos, fuera del Consejo de Ministros. Es otra forma de eludir el trabajo en equipo.

La tentación de la corrupción. La posición de liderazgo crea la posibilidad de abusar del poder y de utilizar la posición pública en beneficio personal. Cuando el sistema social relega los valores éticos y sufre un vacío ideológico, el hombre, sin la guía de objetivos superiores, busca satisfacer individualmente sus necesidades más primarias. Las altas posiciones de liderazgo están sometidas al control y a veces al miedo de la sanción social y ello frena el abuso. Pero esa posición también crea el acceso a una gran variedad de valiosos recursos públicos y magnifica la tentación del enriquecimiento económico, del despotismo político y de la arbitrariedad social. Si el control social es laxo y a veces cómplice, el dirigente tiende a ser vencido por la tentación del beneficio personal, especialmente si su capital intelectual es pobre. Los criterios de beneficio personal pueden llegar a dominar a los criterios nacionales o sociales. El dirigente vive entre la tentación y el deber.

CARACTERÍSTICAS PERSONALES:
EL LÍDER TRANSFORMADOR

Antes de sufrir en su personalidad el impacto del ejercicio superior del poder, los líderes, aún en su etapa de aspirantes, tienen características poco comunes. La palabra líder esconde, sin embargo, personalidades muy distintas y complejas. El liderazgo de Napoleón es muy distinto del de Adenauer y el de Atila muy distinto del de Gandhi. En estas diferencias no sólo influyen las circunstancias, las culturas y la época, sino elementos complejos de la formación misma de la personalidad. En América Latina, el estilo de gobierno de Fidel Castro tiene poco en común con el que tuvo Daniel Ortega, y éste muestra enormes diferencias con el que tuvieron Alfonsín en Argentina o Sarney en Brasil. Hay líderes que no parecen líderes y otros que sobreactúan de forma avasallante.

La tarea de caracterizar la personalidad de los líderes no puede escapar a las caricaturas, pero tampoco se puede eludir al abordar estos temas. Conscientes de la caricaturización, usaremos una tipología pura que admite una gran variedad de combinaciones y dosificaciones en la conformación de la personalidad real de tres tipos de líderes: el líder transformador, el líder administrador y el líder sin proyecto. Muchas de las características del cargo afectan en forma similar a estos tres tipos puros de líderes. Pero ello, con su efecto homogenizador, no alcanza a compensar sus marcadas diferencias de personalidad.

El líder transformador es un luchador dominante, agresivo e inagotable. Se caracteriza por un rechazo tajante al pasado y una distinción borrosa entre la audacia estratégica y la aventura. Los líderes transformadores son hombres de inteligencia superior y carismáticos, pero están sujetos a una alta ceguera situacional. Por lo general tienen un ego muy desarrollado que a veces llega a estados enfermizos. Padecen de una inclinación al triunfalismo, a la centralización burocrática y a un ideologismo exagerado. Concentran, no delegan, y no se dejan asesorar. Son personalidades fuertes y dominantes, soberbias, algo sordas, que no admiten errores ni demandan consejos. Pueden justificar todo por la acción de los oponentes o los errores de sus colaboradores.

Tienen una gran capacidad para crearse los enemigos y amigos que necesitan para gobernar en cada momento. Normalmente, quedan atrapados en el dilema de elegir entre la confianza política, para fortalecer el avance del proceso de cambio, y la capacidad tecnopolítica, necesaria para que el proceso de transformación sea menos costoso y desorganizado. Son locomotoras fuera de rieles que hacen nuevas vías y arrastran el cambio situacional a una velocidad que difícilmente puede alcanzar el sistema de planificación más moderno. Por ello son grandes desorganizadores-organizadores, pero con sus decisiones centralizadas desorganizan, al menos en una primera etapa, a mayor velocidad que lo que pueden organizar. En este proceso transitorio de desorganización caótica no delegan nada, pero tampoco asumen sus errores y tienen poca capacidad de corrección.

Muchas veces son mejores estrategas que el mejor de sus asesores, lo que refuerza su autonomía y la práctica del cálculo en solitario. Se trata de hombres que crean o abrazan con gran fuerza las ideologías y son conducidos por ellas a un exceso de voluntarismo, de manera que en sus reflexiones dominan ampliamente las consideraciones normativas -valores, creencias, dogmas religiosos, etc.- sobre las prescriptivas -las ciencias-. Por la misma razón de su fe, intentan imponer sus creencias. Sienten la necesidad de hacerle el bien a la fuerza a las mayorías postergadas del proceso, pero también desposeídas -según ellos- de la capacidad para comprender el proyecto del líder.

El líder transformador quiere pasar a la historia y se siente con la fuerza necesaria para tomar decisiones críticas y trágicas. Tienen la capacidad fría de disponer de la vida y el sacrificio de otros hombres o de toda la sociedad, porque se sienten llamados a cumplir una tarea histórica y porque ellos mismos comparten todos los riesgos. Cuando este líder transformador no sólo es exitoso en mantenerse en el poder, sino principalmente eficiente y eficaz para alcanzar los resultados que promete, nos encontramos ante un gran estadista que deja la marca de su paso en el tiempo social. En contrapartida a sus aciertos, este líder transformador es capaz de cometer errores de magnitud histórica proporcionales a la grandeza de sus ilusiones. Paradójicamente, estas personalidades transformadoras pierden la noción del tiempo y envejecen conservadoramente por su incapacidad para acompañar la evolución del proceso social.

EL LÍDER ADMINISTRADOR
Y EL LÍDER SIN PROYECTO SOCIAL

El líder administrador es pragmático, gradualista y desconfiado de las ideologías. Es como un tractor con rieles, una locomotora más lenta, pero de increíble perseverancia. No es creador de direccionalidad sino un buen empresario de ella. Tiene un ego bien desarrollado y competitivo, es tan personalista como el líder transformador, pero no se siente llamado a hacer historia sino a administrar las situaciones, a seguir por los mismos rieles ya probados y seguros. No se pregunta por las reglas del juego sino por el buen desarrollo del mismo. Aborrece el caos y el desorden en la misma medida en que valora la eficiencia. No intenta grandes cosas, solo quiere que la situación mejore y en el peor de los casos, que no se deteriore y ponga en peligro la continuidad del avance gradual. Tiende a tener una responsabilidad más partidista que nacional. Por su mismo carácter, se satisface más en el narcisismo del poder que en las grandes realizaciones. En un extremo puede ser un conductor hábil del cambio gradual, sobrio, seguro, serio, perseverante y cauteloso, capaz de producir progreso social. En otro extremo, puede ser un gobernante fuera de tiempo y arrastrado por las circunstancias. En ambos casos, no busca las grandes decisiones críticas y aborrece las decisiones trágicas.

El líder sin proyecto social es un gran individualista: se orienta por un proyecto personal. Quiere el poder porque ama el poder. Él piensa su proyecto personal y delega en otros la elaboración del proyecto de gobierno necesario para crearle viabilidad a su proyecto personal. Generalmente, es un experto en micropolítica, un buen conocedor de las debilidades humanas y un eficiente utilizador del clientelismo político. Es ambicioso y egocéntrico. Vive de formalidades y lugares comunes. Diestro en el sistema electoral y en las relaciones públicas, acomoda su moralidad laxa a las necesidades realistas de la lucha política. Acepta a los hombres como son y no los juzga, sólo los utiliza. Es un buen nadador en el mar de la política, pero siempre a favor de la corriente dominante. Su capital intelectual es generalmente pobre, pero esa deficiencia la compensa con astucia, viveza, agilidad mental y sentido de la oportunidad. Es un gran pragmático despreocupado del debate ideológico, pero con un gran sentido práctico de la acción. Calcula siempre en relación a la rentabilidad inmediata de las opciones que enfrenta. Rehuye las declaraciones precisas y se refugia en la ambigüedad para situarse en el espacio político que percibe con mayores posibilidades.

LOS LÍDERES EN SUS TIEMPOS

A veces, el sistema social genera los líderes que necesita en cada situación. Otras veces los produce antes o después de tiempo. Ante esta contradicción vale la pena recordar a Marx cuando dice que los hombres hacen la historia, pero no en las circunstancias que ellos eligen. Así, nos encontramos con líderes que buscan la revolución en épocas de prosperidad, y administradores que navegan en el gradualismo cuando el sistema está agotado en sus posibilidades de progreso. La historia nos ofrece líderes innovadores sin oportunidad de innovar y situaciones declinantes que reclaman la innovación sin que aparezcan los líderes transformadores. En ciertas circunstancias, aunque transitorias, el sistema encuentra su propia dinámica al margen del liderazgo político. Pero, en tiempo o con atraso, son los líderes o las fuerzas por ellos dirigidas quienes comandan el proceso de aprovechar las oportunidades que abre el sistema social.

El liderazgo del buen administrador, y especialmente el del gran transformador, actúan como tractores y locomotoras de la historia. Los grandes cambios sociales han sido siempre guiados, y muchas veces arrastrados, por el liderazgo personal. A veces como saltos veloces y bruscos en la historia, otras como el resultado perseverante y menos espectacular del gradualismo lento y eficaz de un tractor.

LIDERAZGO AUDAZ Y VISIONARIO:
AVENTURA Y PRUDENCIA

El líder poderoso no es necesariamente audaz. El líder débil no es siempre prudente o conservador. ¿Cuál es el límite entre la audacia y la aventura? ¿Cuál es límite entre la prudencia y la pasividad? Éstas son preguntas importantes que no tienen respuestas precisas.
En la audacia o la prudencia de una estrategia confluyen tres variables: la envergadura del proyecto acometido, la dosis de innovación que introduce el proyecto compatible con su solidez, y la relación entre estas dos primeras variables y el peso del líder que acomete el proyecto: sus capacidades (capital intelectual y capital de experiencia, energía y reputación), los recursos que controla (en el Estado, en el partido), su soporte externo (apoyo de la comunidad internacional) y las adhesiones populares, sociales y de personalidades con las que cuenta.

El máximo de audacia se produce cuando el líder acomete un proyecto de gran envergadura e innovación a partir de una relación de peso débil frente a las posiciones oponentes. En cambio, el máximo de prudencia implica subutilizar el peso acumulado para acometer proyectos modestos y bien experimentados. Pero, ¿cuándo se transforma la audacia en aventura? ¿Cuándo se convierte la prudencia en pasividad?
Un principio de respuesta puede ser ésta: aventura es emprender un proyecto o un plan conflictivo e innovador que exige recursos de poder no sólo superiores a los acumulados por el líder en su vector patrimonio, sino superiores a los posibles de concitar en el vector momento. La aventura conduce a la inviabilidad del proyecto. Audacia, en cambio, es emprender un proyecto o un plan conflictivo e innovador exigente en recursos superiores al vector patrimonio, pero alcanzables con el vector momento que, en esa circunstancia se eleva sobre el vector patrimonio a causa del impacto mismo del proyecto ante la sociedad. Generalmente, la audacia se correlaciona con un insuficiente apoyo de las fuerzas sociales y una alta adhesión de la población no organizada. La prudencia y la pasividad pueden precisarse con los criterios inversos.

LOS OCHO SERVIDORES DEL LÍDER:
UNA TIPOLOGÍA

El líder necesita de servidores y los servidores buscan un liderazgo. En la jaula de cristal desarrollan sus actividades el consejero, el amigo, el maestro de ceremonias, el mayordomo, el bufón, el escudero, el informante, y el asistente.

El consejero ofrece el soporte del cálculo situacional frío. Es la fuente cognitiva del líder. El amigo o la amiga le brindan lealtad y el soporte emocional que todo ser humano necesita. El maestro de ceremonias se encarga de los rituales propios de la salida en escena. El mayordomo asume con humildad y total entrega las tareas rutinarias y, a veces, las tareas sucias. El bufón se encarga de la gracia, el humor y las limitadas diversiones que permite la jaula de cristal.

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El escudero lo protege y cuida para que nadie entre en la jaula de cristal, salvo con la anuencia del consejero, el amigo, el maestro de ceremonias, el mayordomo, el bufón, o él mismo. El informante le abre el acceso a las confidencias y a la verificación de los hechos relevantes para prever, decidir, amenazar, negociar y apartar los peligros. El asistente actúa a pedido y le ayuda en todas las tareas que genera el proceso de enfrentamiento de los problemas y se orienta hacia la promoción de las acciones que el líder se reserva personalmente.

Estas ocho funciones tienen una característica común: son cargos de confianza y de interacción desigual entre el servidor y el líder. Todos dependen más del líder de lo que el líder depende de ellos. No pueden actuar si pierden la confianza y la confianza depende más del agrado que de la eficacia. Todos deben ejercer, en alguna medida, la actividad del halago, con mayor o menor moderación.

Los servidores críticos son desagradables y pierden rápidamente su empleo y se aíslan de los más complacientes. Lo principal es que el consejero tecnopolítico debe competir por la atención y por el tiempo con el amigo, el maestro de ceremonias, el bufón, el escudero, el informante y el asistente. Todos son fuentes de información para el gobernante y le ofrecen sus consejos pero, según su desempeño ante el líder, valoran o desvaloran el canal de comunicación que representan. El equipo tecnopolítico del gobernante tiene, por consiguiente, que ganarse el cargo de consejero, pero no puede aspirar a ser la única fuente de consejos del gobernante en la jaula de cristal.

CADA SERVIDOR CUIDA UNA PUERTA

Cada uno de estos ocho servidores del líder cuida un puente levadizo y la puerta correspondiente. El palacio tiene muy pocos puentes levadizos y cada uno de ellos vale mucho. El consejero cuida la puerta de los consejos pero debe competir con las otras puertas por donde se cuelan los chismes, las conversaciones y las informaciones disfrazadas de propuestas de acción. El amigo o la amiga cuidan la puerta de los afectos, que también esconden consejos. El maestro de ceremonias cuida la puerta que podría abrirse a los intrusos, de manera que protege celosamente la agenda del dirigente. El mayordomo guarda la puerta de las rutinas y las logísticas menores. El bufón es un amigo especial, siempre genuflexo, sin pretensiones ni ambiciones, que vela en la puerta del descanso y las diversiones, en una posición no muy bien definida que le permite estar en todas las puertas aunque sin ser llamado intruso. El escudero cuida la puerta de seguridad, y por consiguiente, tiene la llave de todas las puertas, aunque sin exceso de presencia. El informante, servidor casi invisible, vigila las puertas de la información y le entrega al consejero análisis de inteligencia. El asistente es la hormiga que trabaja en la sombra, sin pretensiones inmediatas de reconocimiento político. En ausencia de un sistema de asesoría, de un equipo tecnopolítico, el dirigente valora los consejos que le llegan desde diversas fuentes según el valor del puente levadizo utilizado por el proponente.

Los técnicos aseguran que un estudio y una recomendación valen por sí mismas, por sus propios méritos técnicos. Pero ésa es una ilusión racionalista que no cabe en el palacio de cristal. El dirigente no es ni puede ser un experto, por lo tanto no puede valorar el contenido propositivo de un consejo técnico, sino la credibilidad o el peso del sujeto o grupo que lo patrocina. De esta manera, el valor técnico de un consejo está multiplicado por el valor del canal de comunicación utilizado. Si el valor del canal de comunicación es cero, el consejo vale cero. Esto explica la aparente irracionalidad de la toma de decisiones en la cúpula. A veces, una opinión infundada de un personaje importante, que tiene acceso a un buen puente levadizo, lanzada al azar en un almuerzo con el presidente, vale más que cinco años de estudio de un equipo de planificación. Esta argumentación queda expresada en la práctica con la siguiente cita de un ayudante del presidente Kennedy: Si usted formaba parte del grupo más fuerte, obtenía las mejores concesiones. Cuando no se podía alcanzar un compromiso, la coalición más grande -mejor dicho, la coalición más fuerte- debía ganar. Esto era frustrante. Los argumentos no significaban nada si se estaba en minoría a menos que esa minoría incluyera a Jackie Kennedy.

DEBILIDADES A LA HORA DE DECIDIR

Los sistemas de decisión que prevalecen en las posiciones de liderazgo, en parte influidos por el amiguismo y el grupismo, son los mismos que caracterizan a cualquier función directiva. Pero en este caso los defectos son aumentados por la notoriedad, el aislamiento y la soledad de la corte. Estos modos de decisión débiles interactúan sinérgicamente con los defectos de los líderes ya señalados. Algunas de estas debilidades de los sistemas de decisión son:

Incompetencia o falta de experticia. A menudo, faltan los conocimientos y las destrezas necesarias para un buen desempeño en el proceso de gobierno. Muchas veces estas capacidades podría suplirlas el líder con equipos adecuados disponibles en su país, pero a veces sus propias limitaciones no le permiten valorar y elegir bien entre los hombres a su alcance. Entre las deficiencias más comunes de los líderes están el desconocimiento de la economía, de las técnicas de organización, de protocolos para la toma de decisiones y de los métodos de planificación, monitoreo y análisis estratégico, sólo para citar las deficiencias de mayor impacto en su desempeño. A esto se agrega una cierta insensibilidad para captar estas deficiencias y corregirlas, influidos por la soberbia del pragmatismo y por la hipervaloración de su propia experiencia. En los casos minoritarios en los que estas deficiencias son autodiagnosticadas, pesan negativamente en su superación las presiones de tiempo, las predisposiciones, las incapacidades constituidas en la etapa de formación del capital intelectual y la ceguera situacional. De manera que durante el ejercicio del gobierno es muy difícil que el líder adquiera los conocimientos de los cuales carece. Sólo muy pocos líderes tienen la capacidad de acumular experiencia durante el gobierno. Si se agregan a estas condiciones las limitaciones provenientes del entorno de la función de liderazgo ya mencionadas, se comprenderá que el dirigente tiene escasos incentivos para el aprendizaje. Sin embargo, hay dirigentes que se agrandan en el poder porque tienen una alta capacidad de aprendizaje a partir del valor de su capital intelectual.

Ceguera situacional. La ceguera situacional es normal en todos los hombres, pero está hiperdesarrollada en los líderes, por las condiciones mismas que requiere la gestación y permanencia del liderazgo. Además, el líder está siempre en la línea de fuego, en situaciones calientes que limitan fuertemente el razonamiento frío. En efecto, muchas veces el líder está imbuido de fuertes sentimientos, necesidades, deseos, emociones, esperanzas, miedos, rencores, disgustos y otra gran variedad de fuerzas efectivas. El líder aprecia esas situaciones en caliente y ello, a veces, deteriora la calidad de su desempeño.

Otras veces, por el contrario, esa ceguera situacional es la fuerza fanática que rompe todo cálculo de posibilidades y logra lo imposible, para bien o para mal. Entre las fuentes de la ceguera situacional debemos señalar la limitación del foco de atención, los preconceptos rígidos, la dificultad para situarse en la posición del otro, el vocabulario reducido, una cierta incapacidad para visualizar los problemas futuros, la disonancia cognitiva que suprime la información dolorosa, la sobrecarga de información, etc.

Distorsiones de la razón humana, dado que la mente y el razonamiento humano sufren de varias propensiones internamente construidas que conducen al error. Entre éstas se cuentan: el impresionismo circunstancial, entendido como la proclividad a sobrevalorar las piezas de evidencia débiles pero muy notorias o salientes; el condicionamiento de la búsqueda de soluciones en el marco de un análisis que replica mecánicamente causalidades anteriores -en 1975 cuando controlamos la variable x, se desbordó la variable z, por consiguiente no debo hacer lo mismo hoy sin pagar las mismas consecuencias-; y el obstinado apego y persistencia en una solución una vez decidida, a pesar del surgimiento de contraevidencias que la sobrepasan.

Estas tres distorsiones del razonamiento humano han sido bien estudiadas. Las propensiones de la mente humana al error cuando se enfrenta a la incertidumbre son particularmente malignas para los líderes, pues los mueven a creencias o temores injustificados que inhiben su acción oportuna o desatan su acción inoportuna o precipitadamente; a razonamientos mecánicos que limitan injustificadamente las posibilidades de solución; y a una incapacidad de corregir los errores.

ATENDER URGENCIAS
DESCUIDANDO IMPORTANCIAS

El monitoreo de sistema de decisiones privilegia las molestias estridentes o dolorosas y no detecta bien las cosas importantes que van silenciosamente mal. En cierta forma tiene las mismas debilidades que las señales del mercado. Una huelga concentra más atención, tiempo y reflexión de los dirigentes, porque los perturba ahora, es algo muy concreto y tienen experiencia para manejarla. En cambio, la pérdida de peso relativo de su país dado el desarrollo tecnológico mundial es un problema que no produce dolor ahora, es algo confuso en sus causas, manifestaciones y consecuencias y generalmente no sabe bien cómo manejarlo. Es como el enfermo que atiende de inmediato las molestias de una alergia en la piel, porque la señal de atención es una picazón molesta e insistente, pero no atiende a su diabetes que lo pone en peligro de muerte, porque es una enfermedad que no emite señales dolorosas de alarma.

De la misma manera, las señales de atención y alarma del sistema social no son proporcionales a la importancia, sino a las molestias inmediatas que se expresan como urgencias. Atendemos a los grandes problemas sólo cuando se agravan hasta el extremo de mostrar síntomas reconocibles. Por ello, los sistemas de decisión vuelcan su foco de atención hacia las urgencias y descuidan las importancias.

Tuesday, November 08, 2016

Hacia un Foro Social de Internet: Por qué el futuro de Internet necesita movimientos de justicia social



Colectivo Promotor del FSI


ALAI AMLATINA, 08/11/2016.-

  • 1. Introducción

Al igual que los cambios tecnológicos anteriores, Internet y la revolución de la conectividad electrónica en redes ofrecen la promesa de un mundo mejor y más equitativo para todos y todas. Sin embargo, es cada vez más evidente que algunas élites están utilizando los beneficios de estos progresos en su provecho, consolidando de esa manera sus posiciones generales de control. Las corporaciones globales, a menudo en asociación con los gobiernos, están enmarcando y construyendo esta nueva sociedad para responder a sus propios intereses en detrimento de un interés público más amplio.

Varios sectores centrales de los países ricos, en vías de desarrollo y menos desarrollados ya están sufriendo perjuicios y transformaciones importantes; por ejemplo la venta minorista es afectada por Amazon, los medios de comunicación por Facebook, la hotelería por AirBnB y los taxis por Uber. Además, Google y Apple están muy avanzados en la valorización y la mercantilización digitales de los aspectos más ínfimos de nuestras vidas personales y sociales. Con una mirada superficial, muchos de los nuevos servicios y modelos de prestación parecen benignos e incluso positivos, y de hecho aportan beneficios tangibles a algunas personas e instituciones, hasta el punto que muchos están dispuestos a renunciar voluntariamente a la protección de los datos personales y la privacidad.

Sin embargo, un análisis más profundo revela cambios por debajo del nivel de detección del radar que provocan alteraciones sociales fundamentales, generan nuevas formas de desigualdad y profundizan las divisiones sociales existentes. Sin un debido control, estos cambios podrían ser precursores de dinámicas institucionales y de modelos empresariales autorizados digitalmente que socavarán seriamente los derechos arduamente adquiridos por trabajadores/trabajadoras y ciudadanos/ciudadanas y erosionarán significativamente los regímenes de bienestar social y, en última instancia, las instituciones democráticas. Se requieren rigor analítico y una militancia comprometida para combatir estos modelos sociales y empresariales emergentes y desarrollar alternativas apropiadas que promuevan activamente la justicia social.

Esto es particularmente válido en lo que respecta la transformación interna de los distintos sectores, facilitada por la agregación y el análisis de microdatos a nivel global. En consecuencia los macrodatos (“Big data”) están creando nuevos paradigmas en numerosas áreas. Por ejemplo, el concepto de “ciudades inteligentes” es presentado como un nuevo modelo de gobernanza basado en datos que podría reemplazar a los procesos políticos y democráticos. Sin embargo, a diferencia de las transformaciones a nivel del consumo, estos cambios son en gran medida invisibles y están transformando los términos y las condiciones de empleo y trabajo, los conocimientos a los que podemos acceder, las relaciones básicas de poder económico y, en última instancia, los derechos personales. La implementación de estos paradigmas afectará a todos, ya que su influencia se extenderá a través de los diferentes sectores sociales y económicos y se convertirán en la corriente dominante en todos los países y en todas las clases socioeconómicas.

Es fundamental y urgente oponerse a estas dinámicas mientras se esté atravesando el rápido período formativo de un nuevo paradigma social, en el cual casi todas las instituciones sociales de la era industrial están siendo socavadas por la fuerza transformadora de una revolución de redes y datos. Es ahora, durante esta “fase de diseño”, que el compromiso de los movimientos sociales progresistas será más fructífero.

Sin embargo, mientras que los actores dominantes se organizan en redes electrónicas consolidadas y están en camino de configurar la sociedad digital para satisfacer sus propios intereses, las fuerzas progresistas recién están transitando las primeras etapas en las que se definen e identifican los problemas, por lo general alrededor de un tema específico. Hasta el momento es muy poco lo que se avanzó en la creación de redes, el desarrollo de colaboraciones y alternativas apropiadas, la elaboración de estrategias y la adopción de medidas a un nivel más amplio.

El Foro Social de Internet (FSI), a través de sus diversos eventos y acciones, ofrecerá una respuesta a estos problemas centrada en las disputas reales de quienes luchan por la justicia social. El FSI plantea construir un espacio dinámico y productivo para el diálogo y la acción en los diferentes sectores sociales y grupos de interés con el fin de sensibilizar, informar, educar y movilizar a la sociedad civil global para promover un cambio político. Desde este espacio buscaremos e implementaremos activamente alternativas concretas y coherentes que guiarán y energizarán a los movimientos sociales innovadores emergentes y conducirán hacia una vía de desarrollo más sostenible que consolide los derechos humanos y los logros en el ámbito de la justicia social.

La idea de lanzar un FSI surgió inicialmente como un legado de los logros de la sociedad civil durante las dos Cumbres Mundiales sobre la Sociedad de la Información (CMSI) patrocinadas por la ONU en 2003 y 2005. No obstante, después de un análisis retrospectivo, los miembros del colectivo FSI piensan que estos logros se centraron demasiado en las preocupaciones relacionadas con Internet y las TIC y no lo suficiente en la forma en la que estos factores podían transformar la vida cultural, política, social y económica, como de hecho lo están haciendo ahora. 

En su carácter de Foro temático del Foro Social Mundial y en la aplicación de sus principios, el FSI se inspira en la máxima que afirma que “Otro mundo es posible”. El proceso del FSI está aún en sus albores, pero la maquinaria ideológica que anuncia un nuevo orden normal ya está funcionando. Ya se le está vendiendo al público un futuro utópico: un mundo de servicios gratuitos y comodidad y ocio crecientes. Esta visión del futuro debe ser radicalmente criticada y denunciada por lo que realmente es: la ola más reciente de acumulación de capital promovida por la tecnología. Esta ola es particularmente peligrosa debido al potencial de transformación de estos cambios tecnológicos y a su aparición en una época en la que el neoliberalismo, a pesar de haber sufrido un descrédito teórico y práctico, sigue impulsando firmemente la agenda global.

A medida que el desafío de responder a preocupaciones sociales mucho más amplias adquiere mayor importancia y que el riesgo de perder derechos arduamente adquiridos en distintos ámbitos de la justicia social (salud, educación, medio ambiente, igualdad de género, desarrollo económico, etc.) aumenta, el grupo de facilitación del FSI convoca a los movimientos de justicia social de todo el mundo, así como a otras personas y organizaciones interesadas, a comprometerse con el proceso del FSI.

  • 2. Tendencias mundiales preocupantes

La sociedad global se encuentra a punto de sufrir un cambio profundo impulsado por el dominio rápidamente emergente de una nueva especie de entidades corporativas transnacionales y neoliberales que utilizan el argumento persuasivo que sostiene que la industria privada no sólo debería desempeñar un papel en la solución de muchos de los problemas más graves y urgentes de la sociedad sino también liderareste proceso. Las preocupaciones acerca de la forma en la que la evolución de Internet está afectando el entorno social y económico, incluyendo las nuevas áreas de riesgo como la minería de datos y la vigilancia, pierden significancia frente a las alarmantes posibilidades que se abren a medida que este nuevo paradigma de macrodatos ocupa un lugar cada vez mayor en la trama y la estructuración formativa de la corriente dominante en los ámbitos económico, social y cultural.

La primera generación de corporaciones transnacionales basadas en Internet y en los medios de comunicación social ha sido acusada, no sin razón, de debilitar la identidad colectiva, conspirar contra el sentimiento de privacidad y reducir la capacidad de acción del ciudadano o incluso del consumidor. Otros actores corporativos, desde la industria agroquímica hasta la hostelería, muchos de ellos nuevos, se vuelcan hacia la creación de modelos de negocio basados en redes y datos y están dispuestos a explotar plenamente esta “nueva normalidad”, transformando un sector social y económico tras otro en máquinas de generar ganancias, muchas veces en detrimento de los servicios y espacios públicos y de los derechos y las libertades trabajosamente adquiridos a través de varias generaciones.

Además, los algoritmos informáticos y la inteligencia artificial desempeñan un papel creciente no sólo en la vigilancia, sino también en el accionar de las fuerzas del orden, el otorgamiento de créditos financieros, la educación, el empleo, la salud y muchas otras áreas, incluso en el sector público. Existe un riesgo creciente de heredar y convalidar el sesgo de los datos recopilados por las instituciones y que ello conduzca a una agravación de la discriminación racista, sexista, étnica, clasista o etaria. Los militantes y los movimientos por la justicia social de todo el mundo deben preocuparse por estas cuestiones de fundamental importancia. Mediante una acción concertada, los militantes por la justicia social también serán esenciales para frenar la marea de estas inquietantes tendencias y desarrollar perspectivas y opciones alternativas.

En el contexto mundial, las estructuras de gobernanza de Internet actuales se encuentran en gran medida bajo el control de las corporaciones y de sus amigos en los principales gobiernos. Estas alianzas estratégicas buscan remodelar las estructuras de gobernanza global de manera que estén más alineadas con los intereses corporativos y del capital que con el interés público general, aun cuando parezcan incorporar a todas las “partes interesadas” como socios en la toma de decisiones. En última instancia esta estrategia forma parte, al menos en los hechos, de una agenda implícita más amplia cuya intención consiste en reemplazar las estructuras de gobernanza global democráticas (aún con todos sus defectos), por una gobernanza aún más opaca y vertical (“top-down”) por parte de las corporaciones. Esta situación determinará que los gobiernos nacionales, aun cuando representen genuinamente el interés público, y los procesos democráticos “participativos” de abajo hacia arriba, sean cada vez más impotentes frente a las fuerzas corporativas.

En esencia, estamos asistiendo a un ataque, de desarrollo lento pero inexorable, que amenaza numerosos frentes y sobre todo la noción misma de justicia social. Si esta estrategia resulta exitosa reducirá significativamente la importancia de las estructuras democráticas participativas como objetivos fundamentales y legítimos de la sociedad.

Para poder comprender plenamente los riesgos que conllevan estas tendencias preocupantes, construir una estrategia para oponerse a ellas y diseñar y crear alternativas eficaces, debemos iniciar y continuar un proceso de exploración profunda de estas dinámicas combinado con un compromiso a largo plazo de participación en acciones centradas en el cambio sistémico.

  • 3. Construir alternativas juntos a través del FSI

Los intereses neoliberales estratégicamente interconectados de todo el mundo están dispuestos a apoderarse de estas tecnologías para consolidar su dominación. La alternativa no solo consiste en ralentizar, o incluso detener, este proceso, sino en recuperar estas tecnologías para promover y fomentar la justicia social.

A pesar de que la tecnología digital está relacionada con la justicia social a través de su impacto sobre sectores específicos (gobernanza y democracia, educación, salud, derechos laborales, servicios públicos incluyendo el bienestar social, igualdad de género, medio ambiente, etc.) no puede ser concebida ni enfocada desde cada uno de estos ámbitos en forma aislada. Además de una comprensión y una respuesta específicas para cada sector, es importante abordar el fenómeno como un meta nivel o como un elemento infraestructural, dado que abarca estructuras sociales y dinámicas nuevas y emergentes en su conjunto. La mayor parte de las respuestas sectoriales se ha centrado en aplicaciones prácticas (o, en el mejor de los casos, en efectos adversos específicos) del fenómeno digital y no en sus construcciones y direcciones estructurales, las cuales de todos modos son difíciles de articular y abordar desde cualquier sector. Sin embargo, por su propia esencia y por la naturaleza de sus efectos, la revolución digital exige una respuesta holística e intersectorial.

Se necesita un espacio que facilite y fomente el aprendizaje y el accionar reflexivos orientados hacia la justicia social para comprender el significado de estos factores y actuar de la mejor manera para modificarlos. Esta es la razón por la que el FSI intenta comprometerse con aquellas y aquellos ya implicados en las luchas por la justicia social dentro de un amplio espectro de cuestiones y de sectores. El análisis exhaustivo y crítico, así como las experiencias de intervención positiva, revelarán la forma en la que estas mismas tecnologías pueden ser redirigidas hacia la justicia social y el cumplimiento de los objetivos democráticos. 

Algunos de los interrogantes que deben ser planteados son los siguientes:
  • ¿Qué significa justicia social en el contexto de las transformaciones inducidas digitalmente en diferentes problemas y sectores (medioambiente, seguridad pública, educación, transporte, salud pública, seguridad nacional, inmigración, etc.)?
  • ¿De qué manera estas tendencias digitales ya están afectando los movimientos de justicia social en todo el mundo?
  • ¿De qué manera se pueden analizar, criticar y modificar eficazmente las nuevas prácticas empresariales que dominan la era digital?
  • ¿Cuáles son las implicaciones de estas tendencias en la gobernanza global de Internet y en las estructuras de gobernanza en un sentido más amplio, así como también en la gobernanza y la democracia en general?

El colectivo FSI puede descubrir, documentar y apoyar alternativas prometedoras como las mencionadas en la siguiente lista ilustrativa:
  • Formas en las que el mundo de Internet, los “macrodatos” y la “inteligencia artificial” pueden contribuir al bienestar social y las estructuras de gobernanza necesarias para lograrlo.
  • Medios de comunicación de la sociedad civil y de los movimientos sociales que se pueden utilizar para educar, informar y fomentar la participación en las respuestas y acciones, tanto a nivel local como a nivel global.
  • Sistemas tecnológicos de propiedad comunitaria que sirven como alternativas a las infraestructuras digitales controladas por el gobierno o las corporaciones.
  • Proyectos de commoning en todo el mundo (open source, open knowledge, etc.) y el movimiento de la economía solidaria.
  • Herramientas de Internet para apoyar los movimientos de justicia social y la forma de vincularse con activistas de Internet para construirlos.
  • Ejemplos de activismo efectivo de las partes interesadas (por ejemplo, avances en el terreno de los derechos en Internet y de la privacidad, movimientos que promueven la neutralidad de la red o se oponen a la tasa cero (“zero-rating”), activismo de los accionistas orientado hacia la justicia social en los distintos sectores de la industria).
  • Lucha contra la vigilancia promoviendo la seguridad basada en la afirmación de los derechos fundamentales del usuario final mediante tecnologías sólidas de encriptación y de protección de la privacidad como alternativas al discurso de seguridad informática proclamado por las corporaciones y los gobiernos. 
  • Ejemplos exitosos en los ámbitos de la equidad de género y los derechos de la mujer en la formulación de políticas de TIC.
  • Perspectivas y enfoques específicos que pueden aportar los jóvenes en tanto que “nativos digitales”, dado que son los blancos principales de las estrategias corporativas digitales y a la vez representan uno de los grupos constructores de alternativas más articulados y creativos.

Octubre 2016

El colectivo promotor del FSI alienta a las personas y a los grupos interesados a ponerse en contacto con nosotros a escribirnos a la siguiente dirección: secretariat@internetsocialforum.net



Thursday, October 06, 2016

EL CLAMOR POR LA TIERRA CARTA PASTORAL COLECTIVA DEL EPISCOPADO GUATEMALTECO


29 febrero 1988

Con la Carta Pastoral “El Clamor por la Tierra”, los Obispos de Guatemala han puesto el dedo sobre la llaga de una de las causas de tantos males sociales que aquejan al pueblo guatemalteco. En muchos de sus documentos los Obispos habían tratado el tema una y otra vez; ahora le dedican un documento completo; el proyecto original nació en la Asamblea Anual de enero de 1987; desde entonces trabajaron los Obispos para concluir ahora en un documento verdaderamente importante y actual. Partiendo de la realidad histórica son conscientes de que la mayor parte de los campesinos no tienen tierra, ni posibilidades de adquirirla. Se fundamentan en datos estadísticos del IIIer. Censo Nacional Agropecuario de 1979, son datos oficiales. Con estos datos comprueban que el 2.25% de la población guatemalteca controla el 64.49 de la tierra; mientras el 89.56% de la población debe conformarse con el beneficio del 16.53% de la tierra. Por otro lado, es un tema que suscita constantemente tensiones de todo tipo (especulación y acaparamiento de la tierra, despojo de tierras, invasiones...).

En tal sentido era urgente un pronunciamiento de la CEG; y la Carta da su aporte para solucionar satisfactoriamente el tema de la tierra, desde el Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia, para iluminar y orientar al pueblo de Dios en los problemas que se plantean.

La Carta fue presentada el 29 de febrero de 1988: desde el primer momento se hicieron eco de su contenido y propuestas todos los medios de información; tuvo una gran difusión en los medios de comunicación, y en parte, esta fue su mayor propaganda. Adversada por cuantos se sentían señalados, fue muy bien recibida por la mayoría de la población. Nunca un documento de la CEG había sido tan leído y estudiado en ambientes tan diversos y dispares. Se han seguido haciendo diversas ediciones de la misma, y en el extranjero fue traducida a varios idiomas. Se hicieron ediciones ilustradas, popularizando su contenido y facilitar así su lectura, sobre todo para los campesinos. Algunos sectores privilegiados iniciaron campañas de señalamientos contra la Iglesia rechazando tajantemente el contenido de la publicación, lo que abrió espacios de debate de tipo técnico y económico, donde no faltaba la confrontación cultural.

La Carta lleva la firma de los 16 Obispos de Guatemala en ese momento.

0.0 INTRODUCCIÓN

0.1. EL CLAMOR POR LA TIERRA es, sin duda alguna, el grito más fuerte, más dramático y más desesperado que se escucha en Guatemala. Brota de millones de pechos de guatemaltecos que no solo ansían poseer la tierra, sino ser poseídos por ella. “Hombres de Maíz” que, por una parte se sienten tan profundamente identificados con los surcos, la siembra y la cosecha y, por otra, se ven expulsados de la tierra e impedidos de hundirse entre sus surcos fértiles por una situación de injusticia y de pecado. Son como forasteros en la tierra que les perteneció por milenios y se les considera como ciudadanos de segunda clase en la Nación que forjaron sus colosales antepasados.

 0.2. Tal vez ningún tema como el de la tenencia de la tierra despierta tan enconadas pasiones y provoca actitudes tan radicales e irreconciliables. Pero es un tema que hay que abordar, si queremos resolver, al menos en parte, los grandes problemas que nos aquejan.

0.3. Por medio de esta Carta Pastoral queremos invitar a todos los guatemaltecos, especialmente a los que se profesan católicos, para que reflexionemos serena y profundamente sobre un tema tan espinoso, nos dejemos iluminar por la Palabra de Dios y coloquemos los fundamentos sólidos sobre los cuales se pueda edificar una Patria mejor.

0.4. Nuestra Carta contiene tres grandes apartados:

- El problema agrario de Guatemala.
- Iluminación teológica.
- Conclusiones pastorales.

1.0. EL PROBLEMA AGRARIO DE GUATEMALA

1.1. En cumplimiento de nuestra misión de pastores queremos señalar una vez más la grave situación en la que sobrevive la inmensa mayoría de los guatemaltecos en el área rural. Al igual que los Obispos Latinoamericanos en Puebla, también nosotros consideramos y comprobamos que “el más devastador y humillante flagelo” (Puebla 29) de nuestro País es la situación de inhumana pobreza de los campesinos que penosamente arrancan el diario sustento para sí y sus familiares de las tierras guatemaltecas.
Justamente llamada inhumana, esta pobreza se expresa en el elevado índice de analfabetismo, de mortalidad, de falta de vivienda adecuada a la dignidad de la familia, de desempleo y subempleo, de desnutrición y de otros males que venimos arrastrando desde hace años.

1.1.1. Nuevamente manifestamos con claridad que esta dolorosa realidad de pobreza - muchas veces miseria- a la cual nos acercamos con ojos de pastores, nos cuestiona profundamente. En efecto, nos sentimos cuestionados porque estas hirientes desigualdades entre quienes gozan de la posesión de los bienes de la tierra aún en demasía y los que nada o casi nada poseen, no sólo aumentan cada día más la inmensa brecha entre ricos y pobres, sino se dan en un pueblo que se confiesa y considera cristiano.

1.2.1. No es la primera vez que los Obispos de Guatemala denunciamos esta situación como esencialmente injusta y como contraria al Plan Salvífico de Dios, nuestro Padre. Tampoco es la primera vez que afirmamos que esta situación es el gran desafío del momento histórico que vivimos y que la marginación que padecen tantos seres humanos nos interpela como hombres y como cristianos. En nuestras Cartas Pastorales ya hemos advertido a la luz del Evangelio, que situación tan triste y dramática no es una etapa casual, sino el producto de una situación de pecado, que no permite una solución radical del problema.

1.1.3. Gravedad del problema agrario.

1.1.3.1. Con toda seriedad queremos invitar a los fieles cristianos y hombres de buena voluntad a reflexionar sobre la gravedad de la situación de pobreza y miseria por la cual atraviesa el campesinado, porque estamos convencidos de que ninguna situación es tan penosa y exige una más pronta solución. Muchos son los problemas que aquejan a nuestros hermanos del área rural en su largo calvario de sufrimientos, pero la carencia de tierra debe considerarse como núcleo fundamental de todo el problema social de nuestro País.

1.1.3.2. La realidad innegable es que la inmensa mayoría de la tierra cultivable está en manos de una minoría numéricamente insignificante, mientras que la mayoría de los campesinos no posee un pedazo de tierra en propiedad para realizar sus cultivos. Y esta situación, lejos de acercarse a una solución, se torna cada día más dura y más dolorosa. Ciertamente el grave problema de la tenencia de la tierra está en la base misma de toda nuestra situación de injusticia.

1.2. Régimen político de la tenencia de la tierra desde la colonia hasta nuestros días.

1.2.1. Si queremos llegar al fondo del problema social y a su misma raíz, tenemos que reconocer que la situación actual tiene su origen básica e históricamente en el régimen de la tenencia de la tierra impuesta desde los lejanos días de la Colonia y conservada en muchos de sus defectos, vicios y estructuras de desigual e injusta distribución hasta nuestros días.

1.2.2. Durante la época colonial, la política de la tenencia de la tierra estuvo determinada por un doble principio de carácter pragmático: por una parte, la concesión de grandes extensiones de tierra a un grupo de colonizadores favorecidos por la corona española mediante las “encomiendas” y las “realengas” y por la otra, la explotación de la mano de obra gratuita de indígenas en favor de la producción, a pesar de que en los pueblos llamados “de indios”, éstos podían cultivar tierras en provecho propio.

1.2.3. Lejos de lograrse una solución a estos problemas, en la época independiente se acentuó la concentración de la tierra en manos de pocas personas privilegiadas por las leyes arbitrarias.

1.2.4. La situación se agravó con la reforma liberal de 1871 que, para impulsar el desarrollo del café, sustituto del añil y la cochinilla, propició la supresión de tierras comunales y la distribución de vastas extensiones de tierra entre una clase media, dando origen a una pujante clase agroexportadora.

1.2.5. Durante el llamado segundo gobierno revolucionario, 1950-54, se inicio un discreto proceso de reforma agraria, que, aunque plagado de defectos, ha sido el único intento serio de modificar una estructura eminentemente injusta. Todos conocemos la reacción que dicho esfuerzo provocó y la formo como se hizo abortar.

1.3. Desigual distribución de la tierra.

1.3.1. Nadie puede negar la excesiva desigualdad existente en nuestros días en cuanto a la tenencia de la tierra. El problema agrario de Guatemala se mide actualmente en la sola consideración del latifundio y del minifundio, al margen de los cuales se sitúa la gran mayoría de campesinos que no poseen un pedazo de tierra.

1.3.2. Datos, tomados del Censo agropecuario de 1979, muestran la grave concentración de tierras en pocas manos frente a una gran mayoría de la población dedicada a la agricultura que no dispone de cantidades racionales de tierras para su uso. El número de propietarios minifundistas que poseían una manzana o menos, creció de 85,053 en 1964 a 247,090 en 1979. En cambio, cada vez la tierra se concentra en menos manos, ya que el número de latifundistas propietarios de 200 caballerías o más decreció de 9 a 4 entre los años 1964 y 1979. De acuerdo a las cifras que arrojó el III Censo Nacional Agropecuario de l979, la distribución por número de superficie de fincas en Guatemala es la que se presenta en el cuadro siguiente:



1.4. Consecuencias socioeconómicas de la desigualdad de la tenencia y distribución de la tierra.

1.4.1. Brecha entre ricos y pobres, entre latifundistas y minifundistas, entre agroexportadores y campesinos.

1.4.1.1. El sector agroexportador propietario de ricos latifundios, concreta en sus manos las mejores tierras cultivables y los poderosos medios de producción agropecuaria. Este grupo minoritario del País produce y comercia aquellos bienes mejor pagados en el mercado internacional, como son el café, el cardamomo, el algodón, el banano, el ganado y otros rubros de exportación tradicional. Su solvencia económica le permite la mecanización de sus cultivos y encuentra grandes facilidades en la obtención de créditos bancarios. Se debe reconocer que es el sector agroexportador el que más contribuye a la obtención de divisas que el País necesita tan urgentemente y la que crea extensas fuentes de trabajo.

1.4.1.2. Por el contrario, muy pocos son los campesinos propietarios, pues la inmensa mayoría carece de tierras en propiedad y los que algo tienen se dedican a una agricultura de subsistencia en microparcelas sembrando solamente maíz y frijol. Son numerosos los que se ven obligados a arrendar tierra, siendo víctimas de una inhumana especulación, o se ven compelidos a bajar a la costa en condiciones inaceptables. La dificultad de conseguir créditos bancarios y la falta de adecuada preparación técnica los conduce a explotar la tierra mediante sistemas arcaicos, algunos altamente dañinos a la ecología y la inmensa mayoría no se beneficia con ningún sistema de seguro, ni tiene la más mínima posibilidad de ahorro, de manera que una sequía o un mal invierno los coloca al borde del hambre y de la muerte.

1.4.2. Marginación del campesino.

1.4.2.1. Para nadie es un secreto que el campesino guatemalteco se encuentra en una situación de desesperante marginación. A la inmensa mayoría no llega ninguno de los bienes y servicios que el Estado tiene la obligación de proporcionar a todos los guatemaltecos: ni escuela primaria ni educación no formal; ni asistencia sanitaria ni seguridad social alguna; ni vivienda que llene las mínimas condiciones de higiene y dignidad.

1.4.2.2. Los campesinos encuentran dificultades extremas para salir de su situación marginal por la falta de oportunidades, por su escasa preparación y por la estructura misma de la sociedad guatemalteca, que está organizada de espaldas a la inmensa mayoría de los guatemaltecos y en beneficio de una minoría. El ver al campesino o al indígena vestido con harapos, enfermo, sucio y menospreciados nos parece lo más natural. Hacemos “folklore” y turismo de los ranchos húmedos, inhóspitos e insalubres. No nos espanta ver a niños pequeños que van muy temprano, al lado de los hombres, con su machete o azadón a cumplir una jornada de trabajo duro y mal pagado. No reaccionamos ante el vergonzoso espectáculo de millares de campesinos indígenas transportados a las fincas de la costa en camiones sin seguridad ni la más mínima comodidad. Esta actitud de los que no somos campesinos frente a nuestros hermanos guatemaltecos, no es sino una manifestación de la estructura social y económica de nuestra Nación. No se cumple con el  precepto constitucional que establece la igualdad de todos los ciudadanos. Los fondos públicos están primordialmente orientados a quienes usamos carreteras, aeropuertos, luz eléctrica, universidades y hospitales. Hay varios millones de guatemaltecos que quedan al margen de estos servicios, aunque han aportado su cuota de impuestos y se les ha obligado a prestar servicio militar y a perder millones de horas-hombre en las patrullas de autodefensa civil. Es verdad que sobre toda la Nación pesa una gran deuda social!

1.4.3. Explotación del campesino.

1.4.3.1. En nuestro medio se explota frecuentemente al campesino de manera inhumana e inmisericorde. Este sigue siendo la mano de obra barata cruelmente explotada. Es evidente que el salario mínimo legal de Q.4.50 es insuficiente hoy día, dado el elevado costo de la vida. Y aunque hay algunos empleadores que pagan salarios superiores al mínimo legal y organizan un sistema social de prestaciones y beneficios, muchos sin embargo, se resisten a pagar aún el salario mínimo y hay quienes encuentran la manera de burlarlo, aprovechándose de la extrema necesidad en que se encuentran los campesinos. Argumentar en esos casos la ley de la oferta y la demanda es a todas luces injusto e inhumano. El trabajo del hombre no es una simple mercancía!

1.4.3.2. Es tan dura la actitud de algunos con respecto a los campesinos que, para aumentar sus ganancias, llegan hasta la creciente erradicación del “mozo colono”. Esta relación de tipo precapitalista, anacrónica y paternalista, aunque de mala manera, concede al campesino que durante generaciones ha vivido en una determinada finca, un cierto estatuto que le da alguna estabilidad y una especie de derecho a trabajar en esa propiedad y aún a cultivar determinadas franjas de terreno en provecho propio. Ciertamente esto representa una carga para el empleador o patrono, porque comporta algunas mínimas responsabilidades sociales y reconoce ciertos derechos. Pues aun eso, tan miserable e imperfecto, quiere ser erradicado y muchos patrones ejercen presiones y se valen de ingeniosos subterfugios, sin excluir la violencia armada, para desalentar a los mozos colonos y obligarlos a abandonar la finca en donde nacieron ellos y sus padres y abuelos y en donde han organizado su hogar. Resulta más fácil y menos complicado hacer venir cada año cuadrillas de trabajadores para el tiempo de la cosecha, en un sistema que acelera la depauperización de los campesinos.

1.4.3.3. A lo largo de muchas décadas, se ha generado en nuestro País un grave problema por las personas que trabajan como intermediarios y/o tramitadores de aspectos legales-administrativos ante instituciones gubernamentales, así como intermediarios del comercio agrícola, contratistas o jaladores de mano de obra. Ellos también inciden en la explotación de los campesinos y en su empobrecimiento. Puede decirse que es un problema institucionalizado, pues es aceptado comúnmente por las mismas autoridades, que no hacen nada al respecto, y por el conglomerado social. Es triste reconocer que aún profesionales liberales, comerciantes inescrupulosos y terratenientes, se prestan para estas artimañas que hacen más grande la herida de su propio pueblo.

1.4.4. Vacío legal en la defensa de los derechos del campesino a la tierra.

1.4.4.1. La situación del campesino se agrava por la dificultad de obtener la titulación de tierras que ha trabajado durante largo tiempo. Con frecuencia estas tierras vienen a parar en manos de terratenientes con mayores facilidades económicas y jurídicas para obtener las titulaciones legales. Nos consta que muchas de las tensiones en el agro provienen de que estas personas, al adquirir dichas propiedades, injusta aunque “legalmente”, en su afán de sacar de la tierra al campesino, se hacen ayudar de la fuerza pública que acude a su llamado en defensa de una propiedad privada que se le negó a quienes en realidad eran los propietarios de hecho aunque no reconocidos por una ley, que se hizo en la práctica de espaldas al pueblo y para beneficio de un sector privilegiado. Reconocemos con dolor que falta una legislación adecuada que proteja al campesino en contra de éstos y otros abusos.

1.4.5. Emigración campesina.

1.4.5.1. No nos debe extrañar que esta injusta situación social, sea una de las razones por las que el campesino huye de sus lugares de origen y emigra a la ciudad, considerándola como un refugio a su miseria y como una posible solución a su pobreza extrema. El campesino llega así al pueblo o a la ciudad a engrosar las filas de los desempleados, a agrandar los cinturones de miseria y muchas veces a caer en las redes del vicio o la delincuencia. No es raro, por desgracia, que también pierdan el único bien que les queda, su fe católica. Asimismo millares de familias campesinas han sido obligadas violentamente a abandonar sus tierras, cultivadas durante muchos años, y a refugiarse fuera del suelo patrio.

1.4.5.2. Los graves problemas que afrontan las municipalidades para prestar los más indispensables servicios públicos irán aumentando cada día ante el abandono que el campesino hace de sus “trabajadores” y cada vez se tornarán más inadecuados e insuficientes los servicios de salud en hospitales, la atención escolar en centros estatales y todos los servicios públicos en general. 1.4.6. La creciente violencia en el campo.

1.4.6.1. La violencia en el agro es un hecho innegable. La misma situación de desesperación es la fuente de tantas tensiones que son el grito de protesta y el clamor desesperado de centenares de miles de personas. No se resuelve nada si únicamente se trata de culpar a instigadores o líderes, pues la raíz del mal está en la misma situación social. Es necesario que todos los habitantes de la Nación abramos los ojos ante la gravedad del problema.

1.4.6.2. Constatamos con gozo que los campesinos cada día adquieren mayor conciencia de sus derechos y de su propia dignidad. Es un avance irreversible y, a pesar de la represión continua y brutal de que han sido objeto, existe un clamor legítimo y acciones en defensa de las tierras. Pero tememos que, si no se abre un cauce justo a estas aspiraciones y no se establecen los mecanismos para darles una pronta y afectiva respuesta, puede producirse un estallido de violencia de imprevisibles consecuencias. Tenemos presente el doloroso caso de Panzós, en Alta Verapaz. Es un tragedia y un crimen que aún recordamos y condenamos, pues bien sabemos que ahí, hace precisamente diez años, fue masacrado más de un centenar de indígenas Q’eqchíes por problemas de tierra. Esto puede repetirse en cualquier lugar y en cualquier momento. Las manifestaciones multitudinarias, realizadas en diversos lugares de la República, son un  índice del malestar que existe en el campo. Por ello, con el Papa Juan Pablo II, volvemos a repetir: “Para salir al paso de cualquier extremismo y consolidar una auténtica paz, nada mejor que devolver su dignidad a quienes sufren la injusticia, el desprecio y la miseria” (Juan Pablo II. Homilía en el Campo de Marte, 7 de Marzo de 1983,6). ILUMINACIÓN TEOLÓGICA A la luz de la Palabra de Dios y del Magisterio de la Iglesia, queremos ofrecer a los fieles y a todos los hombres de buena voluntad una palabra orientadora acerca del sentido cristiano de la posesión de la tierra.

1. SAGRADA ESCRITURA

1.1. La tierra, don de Dios En la Biblia el tema de la tierra es importante, porque desde el amanecer de la creación hasta el Apocalipsis, la vida del hombre se desarrolla en una tierra concreta, don de Dios y habitación de Dios con los hombres. La Escritura nos describe el origen de la humanidad, diciendo que fue creada a imagen de Dios (Gn 1, 26). Esa es la base teológica de su dignidad. Dios bendijo además esa humanidad creada como hombre y mujer (Gn 1, 27) para que se multiplicara, llenara y sometiera la tierra. Los frutos de la tierra se los dio como alimento (Gn 1, 29). La tierra es, pues, según el designio de Dios, el mundo del hombre. El hombre pertenece a la tierra (Gn 2, 7) y ésta le pertenece porque el Señor apenas crea al hombre, le da el encargo de labrar y cuidar de ella (Gn 2, 15). El trabajo agrícola aparece así como la tarea por antonomasia por la que el hombre se sitúa y se define en el mundo y ante Dios.

1.2 Alegría compartida Muchos textos de la Escritura expresan la alegría del hombre por el fruto de su fatiga con la tierra y su agradecimiento a Dios por su bendición. Cuando la tierra da su cosecha, sabe el hombre que el Señor lo bendice (Sal 67, 7; 85, 13). La alegría con que el hombre recoge los primeros frutos y concluye la cosecha era en el antiguo pueblo de Dios motivo para que la familia peregrinara al santuario del Señor y celebrara allí una fiesta en su honor (Dt 16, 1-15). Estas fiestas agrícolas, prolongadas con luz totalmente nuevas en nuestras fiestas cristianas de Pascua y Pentecostés, nos enseñan a alegrarnos ante el Señor por los dones del suelo y nos indica que debemos compartir con el que tiene menos la abundancia con que Dios nos bendice.

1.3 La tierra signo de alianza de Dios con los hombres El señor promete a su pueblo oprimido en Egipto que lo conducirá a una tierra buena y espaciosa que mana leche y miel (Ex 3, 8). Así se recoge la promesa hecha a Abraham (Gn 12, 1). Cuando el israelita ofrecía las primicias del suelo, recordaba que esa tierra y sus frutos eran don de Dios (Dt 26, 9-10). Cuando entraron en posesión de la tierra, se asignó a cada tribu su territorio de acuerdo con los habitantes: “al numeroso le aumentarás la herencia y al exiguo se la reducirás” (Nm 26, 54). De este modo ningún hombre ni ninguna tribu llegaría a poseer tierra privando a otro del medio de subsistencia. La tierra no es del hombre, sino del Señor y lo que cada uno llama su propiedad es en realidad la porción a la que tiene derecho para vivir. Del Señor es la tierra y cuanto hay en ella, el orbe y los que la habitan (Sal 24, 1).

1.4 Denuncia profética del pecado La voz de los profetas se alzó para denunciar a aquellos que acaparaban ávidamente la tierra en detrimento del pobre y del desvalido: “¡Ay los que juntáis casa con casa y campo a campo anexionáis hasta ocupar todo el sitio y quedaros solos en medio del País! Así ha jurado a mis oídos el Señor de los ejércitos: “Han de quedar desiertas muchas casas grandes y hermosas, pero sin moradores” (Is 5, 8-9). “¡Ay de aquellos que meditan iniquidad. Codician campos y los roban, casas y las usurpan; hacen violencia al hombre y a su casa, al individuo y a su heredad. He aquí que yo medito contra esta ralea una hora de infortunio de la que no podréis sustraer vuestro cuello!” (Mi 2, 1-2). También se alzó la voz de los profetas contra los que no pagaban o renumeraban injustamente a sus obreros: “¡Ay del que edifica su casa sin justicia y sus pisos sin derecho! De su prójimo se sirve de balde y su trabajo no le paga” (Jr 22, 13). Son los que, acostados en camas de marfil, arrellenados en sus lechos, beben vino en copas anchas, con los mejores perfumes se ungen, pero no se afligen por el desastre del pueblo (Am 6, 4-6). Esta denuncia de la codicia y la riqueza excesiva lograda por el acaparamiento de tierras y el pago de salarios injustos, se repite también en los escritos del Nuevo Testamento. “Vosotros, ricos, llorad y dad alaridos por las desgracias que están para caer sobre vosotros. Mirad, el salario que no habéis pagado a los obreros que segaron vuestros campos está gritando; y los gritos de los segadores han llegado a los oídos del Señor de los ejércitos. Habéis vivido sobre la tierra regaladamente y os habéis entregado a los placeres” (St 5, 1,4-5). 1.5 Jesús pobre señala al rico su responsabilidad. Jesús, Hijo de Dios, Señor del cielo y la tierra, no tiene donde reclinar su cabeza (Lc 9, 58). El, siendo rico, por nosotros se hizo pobre. Esta pobreza lo hizo libre para realizar su misión: “Evangelizar a los Pobres” (Lc 4, 18). EL CLAMOR POR LA TIERRA 10 Carta Pastoral Colectiva del Episcopado Guatemalteco 29 de febrero de 1988 Jesús no se presenta como juez o árbitro en el reparto de herencias. En una ocasión rechazó esa solicitud para hacer ver que los bienes terrenos no aseguran la existencia. Entonces contó la parábola del hombre cuyo campos dieron una cosecha tan abundante que tuvo que hacer graneros nuevos más grandes para almacenarla. Pensó que con eso tendría para vivir por muchos años, pero esa noche murió (Lc 12, 13-21). Por eso Jesús también pronunciaba sus ayes contra los ricos y los que están hartos (Lc 6, 24-25). Y al dinero le llama “injusto” (Lc 16, 9) cuando en el origen de las grandes riquezas está la explotación del débil. Por eso Jesús manda a los ricos que quieren seguirlo que pongan sus bienes al servicio del necesitado: “Vended vuestro bienes y dad limosna” (Lc 12, 33). El concepto de “limosna”, tan frecuente en el NT, debe ser entendido correctamente. Era una práctica antigua por la que los más pudientes de una población se hacían cargo de los necesitados de la comunidad, huérfanos, viudas, forasteros, facilitándoles los medios para subsistir. Expresa, pues, la responsabilidad moral del que tiene más hacia los que no poseen (Dt 15, 7-8.10.11). 1.6. El Misterio pascual de Cristo transforma la creación. El Nuevo Testamento afirma que el mundo fue creado por Aquel que es la Palabra de Dios y que sin El no se hizo nada de cuanto existe (Jn 1, 3). Esa palabra de Dios se hizo carne, hombre verdadero en Jesús (Jn 1, 14). De modo que Jesús puede llamarse “primogénito de toda la creación”. No es que sea la primera de las criaturas, sino que todo cuanto existe cobra sentido en El “porque en El fueron creadas todas las cosas y todo fue creado por El y para El” (Col 1, 15-16). Por eso su obra redentora afecta no sólo al grupo de los creyentes o sólo a la humanidad, sino que por su muerte y resurrección, El reconcilió con Dios todas las cosas “pacificando, mediante la sangre de su cruz lo que hay en la tierra y en los cielos” (Col 1, 20). El misterio pascual de Cristo ha trasformado a los hombres de pecadores en justos que viven para Dios (Rm 6, 11); pero también la creación ha sido redimida juntamente con los hombres y gime en la “esperanza de ser liberada de la servidumbre de la corrupción para participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios” (Rm 8, 20-21). Esa liberación empieza para la creación, cuando los bienes de la tierra dejan de ser medios de la rivalidad y explotación de los hombres para convertirse en medios de fraternidad y comunión. 1.7. La tierra y los bienes al servicio de la fraternidad El efecto de la transformación realizada por el misterio pascual de Cristo es patente en la primera comunidad cristiana convocada por el Señor resucitado en el poder del Espíritu. Es verdad que en esta comunidad hay engaño y pecado, como en el caso de Ananías y Safira (Hch 5, 1-11); sin embargo, prevalece el testimonio de fraternidad, que une a todos los creyentes: “la multitud de los creyentes no tenía sino un solo corazón y una sola alma. Nadie llamaba suyos a sus bienes, sino que todo era en común entre ellos... No había entre ellos ningún necesitado, porque todos los que poseían campos o EL CLAMOR POR LA TIERRA 11 Carta Pastoral Colectiva del Episcopado Guatemalteco 29 de febrero de 1988 casas los vendían, traían el importe de la ventana y lo ponían a los pies de los apóstoles y se repartía a cada uno según su necesidad” (Hch 4, 32-35). La fe en el Señor Resucitado y la fraternidad que le sigue como fruto, hacen brotar la tierra nueva donde habitará la justicia (2 P 3, 13).”Entonces habrá un cielo nuevo y una tierra nueva, no habrá ni muerte ni llanto, ni gritos, ni fatigas, porque el mundo viejo habrá pasado” (Ap 21, 1-4). Esa esperanza debe animar nuestra conciencia en el presente, para hacer entre tanto de esta tierra un lugar de convivencia en justicia y equidad. 2. PADRES DE LA IGLESIA Y MAGISTERIO 2.1. Función social de la propiedad La enseñanza bíblica acerca de la posesión de la tierra, fue ampliamente estudiada y reflexionada desde el principio de la Iglesia. Los Santos Padres nos han dejado una impresionante riqueza de pensamiento y ejemplos de acción sobre temas como el sentido de la propiedad, el destino de los bienes de la tierra y las exigencias de la justicia social. La Iglesia ha reconocido siempre el derecho que todos los hombres tienen de poseer una parte de bienes suficientes para sí y para su familia (Populorum Progressio, 22). Sin embargo, este derecho de propiedad “no constituye para nadie un derecho incondicional y absoluto. No hay ninguna razón para reservarse en uso exclusivo lo que supera a la propia necesidad, cuando a los demás falta lo necesario” (Populorum Progressio, 23). Esta es la enseñanza que, como un río de limpias aguas, corre a través de la historia de la Iglesia y que en época reciente el Concilio Vaticano II y los últimos Papas en sus encíclicas sociales han repetido incansablemente. “Dios ha destinado la tierra y cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y pueblos” (GS 69). Particular vigor tiene el pensamiento de Juan Pablo II en su discurso inaugural de la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano: “Sobre toda propiedad privada grava una “hipoteca social” (III, 4). En tal virtud, el derecho a la propiedad privada no es un derecho absoluto sino condicional y limitado por un principio más amplio y universal: Dios ha creado todas las cosas para el uso y beneficio de todos los seres humanos, sin distinción alguna. 2.2. Tierra para todos Los Santos Padres también se han referido directamente a la distribución de la tierra. Así, por ejemplo, San Ambrosio afirma: “No es parte de tus bienes lo que tú das al pobre, lo que le das le pertenece. Porque lo que ha sido dado para el uso de todos, tú te lo apropias. La tierra ha sido dada para todos el mundo y no solamente para los ricos” (De Nabuthe c. 12, n. 53: PL 14, 747, cit. Populorum Progressio, 23). Más explícito aún es San EL CLAMOR POR LA TIERRA 12 Carta Pastoral Colectiva del Episcopado Guatemalteco 29 de febrero de 1988 Juan Crisóstomo: “Dios nunca hizo a unos ricos ni a otros pobres. Dios dio la misma tierra para todos. La tierra es toda del Señor y los frutos de la tierra deben ser comunes a todos”. La palabra “mío” y “tuyo” son motivo y causa de discordia. La comunidad de bienes es por eso una forma de existencia más adecuada a nuestra naturaleza que la misma propiedad privada. En sus viajes apostólicos a América Latina, el Papa Juan Pablo II ha podido ver y palpar nuestra realidad y, a partir de esta experiencia viva, ha reforzado la doctrina de la Iglesia sobre el tema de la tierra. Al comprobar personalmente que una aplicación tímida de los principios doctrinales ha dado como resultado situaciones sociales conflictivas, en las que gran número de personas no tienen acceso a aquellos bienes necesarios para su realización humana, ante los campesinos en Cuilapán, México, expresó la necesidad de profundas reformas: “Por vuestra parte, responsables de los pueblos, clases poderosas que tenéis a veces improductivas las tierras que esconden el pan que a tantas familias falta, la conciencia humana, la conciencia de los pueblos, el grito del desvalido, y sobre todo la voz de Dios, la voz de la Iglesia os repiten conmigo: No es justo, no es humano, no es cristiano continuar con ciertas situaciones claramente injustas” (No 9). En Recife, Brasil, Juan Pablo II dijo a los agricultores: “La tierra es un don de Dios, don que El hizo a todos los seres humanos, hombres y mujeres, a quienes El Quiere reunidos en una sola familia y relacionados unos con otros con espíritu fraterno. No es lícito, por tanto, porque no es conforme con el designio de Dios, usar este don de modo tal que sus beneficios favorezcan sólo a unos pocos, dejando a otros, la inmensa mayoría, excluidos” (Homilía en la Misa celebrada para los agricultores, n. 4). Hoy los campesinos guatemaltecos tienen cada vez más clara conciencia de vivir en lo que León XIII y Pablo VI llamaron miseria inmerecida (Populorum Progressio, 9 y 67). Por lo que, de todas las regiones del País, se levantan voces urgiendo a los responsables de la Nación a “poner en práctica transformaciones audaces profundamente innovadoras... A emprender sin esperar más, reformas urgentes” (Juan Pablo II. A los Campesinos en Cuilapán, n. 6) Para que los bienes creados por Dios lleguen a todos en forma equitativa, según la regla de la justicia, inseparable de la caridad. 3.1. Conclusiones pastorales. 3.1.1. A lo largo de estas reflexiones, hemos visto a grandes rasgos algunos aspectos de la realidad social que presenta el fenómeno de la tenencia de la tierra en Guatemala y hemos tratado de esbozar, a la luz de la Revelación Bíblica y del Magisterio de la Iglesia, el Plan de Dios sobre sus hijos. Como pastores de la Iglesia en Guatemala, tenemos la grave obligación en virtud de nuestro ministerio, de hablar claramente denunciando esta situación, que está en la raíz de nuestra inhumana pobreza. Los cristianos no sólo debemos preocuparnos del problema de nuestro País, sino sobre todo “ocuparnos” del mismo. Y el primer paso será tomar conciencia de la realidad en que sobreviven nuestros hermanos campesinos. EL CLAMOR POR LA TIERRA 13 Carta Pastoral Colectiva del Episcopado Guatemalteco 29 de febrero de 1988 3.1.2. Reiteración de una denuncia pastoral. Como lo señalábamos en 1984: “Una mala distribución de la propiedad, inmensas, extensiones de tierra inculta o deficientemente cultivada, hacen de nuestro pueblo un pueblo hambriento, enfermizo, con una alta tasa de mortalidad” (Mensaje del Episcopado guatemalteco, 9 de Mayo de l984). 3.1.3. En la Encíclica “Laboren excercens” del Papa Juan Pablo II, leemos una descripción-denuncia que encuentra en Guatemala una realización desesperante: “En algunos países en vías de desarrollo, millones de hombres se ven obligados a cultivar tierra de otros y son explotados por los latifundistas, sin la esperanza de llegar un día a la posesión ni siquiera de un pedazo mínimo de tierra en propiedad. Largas jornadas de pesado trabajo físico son pagadas miserablemente. Tierras cultivadas son abandonadas por sus propietarios, títulos legales para la posesión de un pequeño terreno, cultivado como propio durante años, no se tienen en cuenta o quedan sin defensa ante el “hambre de tierra” de individuos y grupos más poderosos” (Laborem Excercens, 21). 3.1.4. VANO CLAMOR CAMPESINO. Todas estas situaciones, naturalmente, provocan el clamor de los campesinos por sus derechos; pero sabemos, -porque tenemos una experiencia demasiada reciente para olvidarla- que dicho clamor ha sido ahogado por la fuerza de las armas. Miles de campesinos han muerto en Guatemala solamente por haber intentado un cambio de estructuras. Desde entonces, como consecuencia de esta terrible represión sufrida por los guatemaltecos, las organizaciones campesinas de cualquier tipo se ven con suspicacia y no faltan medidas coercitivas para suprimirlas. A este nivel se debe inscribir el funcionamiento -forzoso en la práctica- de las patrullas de autodefensa civil que limitan enormemente el derecho de asociación de los campesinos. No es extraño todavía, por desgracia, saber de campesinos desaparecidos o perseguidos, que vienen a sumarse a una de las listas más vergonzosas y trágicas de nuestra historia. 3.1.5. VACIÓ LEGAL. Desgraciadamente, como señalamos más arriba, existe un doloroso vacío de la legislación, cuando se trata de la defensa del campesino y de sus derechos o de promover efectiva y eficazmente al mismo. Más bien nuestra legislación parece estar orientada a mantener un régimen de la tenencia de la tierra en beneficio del terrateniente y de los poseedores del poder económico o militar en detrimento del campesino y del indígena. Esta legislación está en la base y es la fuente jurídica de la situación injusta en que vive Guatemala, como ya lo apuntábamos, hace varios años, en nuestra Carta Pastoral “Unidos en la Esperanza”. 3.2. Orientaciones del episcopado. 3.2.1. Todo este trágico listado de circunstancias negativas, no puede impulsarnos a nosotros los cristianos a cruzarnos de brazos con desilusión o desaliento. Nuestra respuesta tiene que ser positiva. El pecado y todas sus consecuencias han sido vencidos por Cristo, triunfador de la muerte y del pecado. A nosotros nos toca hacer llegar esa redención a las estructuras pecaminosas de nuestra realidad nacional. EL CLAMOR POR LA TIERRA 14 Carta Pastoral Colectiva del Episcopado Guatemalteco 29 de febrero de 1988 3.2.2. Invitación a la solidaridad. 3.2.2.1. Pero éste es un trabajo que sólo podrá realizarse con eficacia, si ponemos todos nuestro aporte generoso. Por esto la primera exigencia es la SOLIDARIDAD. Sólo en la medida en que nos sintamos hermanos y solidarios unos de otros, el problema tan grave de la tenencia y explotación de la tierra en Guatemala podrá encontrar cauces de solución. La solidaridad es lo contrario al individualismo egoísta, pues nos hace pensar en los demás al mismo tiempo que pensamos en nuestras propias necesidades. Nos hace buscar la solución a los problemas de los demás. Tienen su base en el sentido cristiano de la fraternidad, pues la solidaridad se basa precisamente en una verdad fundamental del cristianismo: todos somos hermanos porque somos hijos de un mismo Dios, estamos dotados de la misma dignidad, gozamos de los mismos derechos y estamos llamados a la misma glorificación con Dios. 3.2.2.2. En momentos de crisis, como el que estamos viviendo en Guatemala, hay tendencia al “sálvese quien pueda”, que mata todo sentido de solidaridad y lanza a las personas a una búsqueda frenética de satisfactores egoístas, que inducen a un consumismo extremo. Tenemos que reaccionar contra tal orientación de nuestra vida y actividad, apelando a los grandes principios de nuestra fe. 3.2.3. Desarrollo integral. 3.2.3.1. Otro aspecto importante que se debe destacar en la búsqueda de soluciones genuinas y adecuadas a los graves problemas de la tenencia de la tierra, es el esfuerzo por alcanzar un alto grado de desarrollo. Pero éste no será solo un desarrollo de tipo económico, sino ante todo un auténtico desarrollo integral humano y social, como lo expresa el Papa Pablo VI en su Encíclica “El Progreso de los Pueblos” número 35. Debemos luchar para que este desarrollo llegue a todos, no sólo a un grupo privilegiado, sino a toda la población. El desarrollo debe alcanzar a toda la persona y todas las personas. 3.2.3.2. Si algún sector debe privilegiarse, éste debe ser el grupo campesino e indígena, no sólo por ser la mayoría de la población guatemalteca, sino por un elemental sentido de justicia para compensar, en alguna forma, los siglos de abandono en que se le ha tenido, como si se tratara de ciudadanos de segunda clase o categoría. Guatemala no progresará debidamente, mientras se trate con una miopía inconcebible de mantener marginado al sector campesino y obrero, “La fuerza dinamizadora en la construcción de una sociedad más participada” (Puebla 1245). En efecto, ésta ha sido una de las causas de la mayor tragedia de Guatemala: evitar, por egoísmo y por temor irracional, que la gran potencialidad del campesinado entre de lleno en el torrente productivo de la tierra. Si ese gigante dormido no es invitado y preparado a participar en la construcción de una Guatemala mejor, despertará amargado por el desprecio varias veces secular y puede convertirse en la causa de conflictos más dolorosos y más violentos aún. EL CLAMOR POR LA TIERRA 15 Carta Pastoral Colectiva del Episcopado Guatemalteco 29 de febrero de 1988 3.2.4. JUSTICIA. Cambio de estructuras sociales. 3.2.4.1. Necesidad y urgencia del cambio social. Es indiscutible que nada de lo que hemos hablando podrá realizarse, si no aceptamos la idea de que es necesario y urgente un cambio de las estructuras sociales pecaminosas y obsoletas de nuestra Patria. Queremos hacer nuestras las enérgicas palabras de Juan Pablo II en su histórico mensaje en Oaxaca, México, en 1979: “Hay que poner en práctica medidas reales, eficaces, a nivel local, nacional e internacional, en la amplia línea marcada por la Encíclica MATER ET MAGISTRA”. 3.2.4.2. El Papa nos invita a seguir la amplia línea marcada por la Encíclica de Juan XXIII “Mater et Magistra”, que ha sido llamada la “Carta magna de los campesinos”. Esta Encíclica, en efecto, señala el impulso que debería imprimirse al sector agrícola cuando dice: “Ahora bien, para conseguir un desarrollo proporcionado entre los distintos sectores de la economía, es también absolutamente imprescindible una política económica en materia agrícola por parte de las autoridades públicas, políticas y económicas que han de atender a los siguientes capítulos: imposición fiscal, crédito, seguro social, precios, promoción e industrias complementarias y, por último, el perfeccionamiento de la estructura de la empresa agrícola”. (No. 131). 3.2.4.3. De acuerdo con la doctrina de la Iglesia y las necesidades de Guatemala, pueden señalarse, entre otras, las siguientes medidas, que es urgente tomar para mejorar la situación: 3.2.4.3.1. Legislar en vista de una distribución equitativa de la tierra, principiando con las vastas propiedades estatales y “las propiedades insuficientemente cultivadas, a favor de quienes sean capaces de hacerlas valer” (GS 71). 3.2.4.3.2. Facilitar el otorgamiento de títulos supletorios en terrenos que los campesinos han estado cultivando durante años. 3.2.4.3.3. Asegurar legalmente la defensa de los campesinos y de los refugiados contra la expoliación de sus tierras. 3.2.4.3.4. Defender a los campesinos contra la especulación en el arrendamiento de tierras para cultivar. 3.2.4.3.5. Garantizar que los campesinos reciban un precio justo y equitativo, protegiéndolos de los intermediarios voraces y sin escrúpulos. 3.2.4.3.6. Dar una adecuada educación agrícola al mayor número posible de campesinos para que mejoren sus métodos de cultivo y sean capaces de diversificar la agricultura. 3.2.4.3.7. Conceder las mayores facilidades posibles de créditos bancarios y adquisición de semillas, insumos, fertilizantes y aperos de labranza. EL CLAMOR POR LA TIERRA 16 Carta Pastoral Colectiva del Episcopado Guatemalteco 29 de febrero de 1988 3.2.4.3.8. Incrementar el salario de los campesinos, concorde con la dignidad humana y con sus responsabilidades familiares. 3.2.4.3.9. Abrir cauces y crear mecanismos para que el campesino pueda participar activa y directamente en el mercado local, regional, nacional y aún internacional. 3.2.4.3.10. Disminuir los impuestos indirectos en la compra de productos para el trabajo agrícola. 3.2.4.3.11. Crear impuestos directos para los latifundios proporcionalmente a la extensión de la tierra. 3.2.4.3.12. Organizar algún tipo de medidas de protección a los campesinos contra malas cosechas y accidentes de trabajo. 3.2.4.3.13. Estimular y proteger las organizaciones campesinas en defensa de sus derechos y de incremento para su producción agrícola. CARACTERÍSTICAS CRISTIANAS EN EL CAMBIO DE ESTRUCTURAS 3.2.5. No a la violencia. 3.2.5.1. No su puede acudir a la violencia porque ésta no es evangélica ni cristiana, sino más bien generadora de más violencia en una espiral sin fin. Los cristianos tenemos más confianza en la fuerza de los no violentos que en la fuerza bruta de quienes ponen toda su confianza en las armas homicidas. 3.2.5.2. Marco legal. Segunda característica es que el cambio de estructuras debe hacerse en el marco de legalidad. Propugnamos por una legislación adecuada que verdaderamente tenga como meta el bien común y la defensa del campesino, que, como lo hemos señalado repetidamente, viene a ser la parte más débil, más pobre y más indefensa dentro de nuestra sociedad. Estamos convencidos de que las medidas de hecho fuera de la ley, - como podría ser la invasión de tierra,- lejos de resolver el problema agrario, lo incrementan y lo llevan a explosiones imposibles de controlar. 3.2.5.3. Urgencia del cambio. Los cristianos somos pacíficos y constructores de la paz Confiamos en el fundamento del derecho, en el valor de lo racional y sobre todo en la fuerza transformadora del amor. Y basados en esa convicción, demandamos que los cambios indispensables para buscar soluciones adecuadas a un problema tan ingente, se hagan con urgencia aunque sin precipitación que restaría racionalidad, eficiencia y credibilidad a las medidas. Somos conscientes de que no se puede cambiar de la noche a la mañana algo que se ha ido estructurando a lo largo de muchos siglos, pero es indispensable no dar lugar a demoras innecesarias, que agravarían aún más el problema agrario. EL CLAMOR POR LA TIERRA 17 Carta Pastoral Colectiva del Episcopado Guatemalteco 29 de febrero de 1988 4.0. C O N C L U S I O N E S : 4.1. Hemos querido propiciar una reflexión profunda, serena, sincera y constructiva sobre uno de los problemas más serios y más complejos de nuestra realidad nacional. A nuestro juicio, es el problema fundamental en la estructura social de País. Resolverlo significará haber logrado, a través de un proceso difícil pero patriótico, un cambio fundamental en la historia guatemalteca. 4.2. Hemos tratado así mismo de iluminar con la Palabra de Dios y con el Magisterio de la Iglesia esta realidad, demostrando así que no es algo ajeno a nuestra misión pastoral, sino se inscribe dentro de los cauces de nuestro trabajo como pastores de la Iglesia. No pueden ser ajenos a nosotros los sufrimientos ni los errores del pueblo que nos ha sido confiado. Por todo esto, tenemos la esperanza de que nuestros fieles leerán con atención esta Carta Pastoral y la estudiarán, tratando de descubrir la proyección tan positiva que presenta para el futuro de nuestra Patria. Tenemos también la esperanza de que todos se comprometerán con espíritu fraterno a realizar la ingente labor que significa encontrar una solución adecuada y pacífica a tan grave problema. Nuestra invitación pastoral se dirige con acento de urgencia al Gobierno, partidos políticos, fuerzas productivas del País, medios de comunicación social e iniciativa privada; también a los movimientos seglares católicos y a los campesinos e indígenas, para aunar fuerzas fraterna y pacíficamente en una empresa que exige el compromiso de todos los guatemaltecos. 4.3. Reconocemos que en el fondo lo más difícil es la conversión personal. Conversión significa “dar la vuelta” cambiar radicalmente. Mientras se siga teniendo como única meta el lucro, la ganancia, el enriquecimiento, la ambición de dinero o de poder, es imposible comprender estas verdades que hemos querido recordar y ver con ojos de cristianos la realidad que hay que transformar. 4.4. Hemos presentado el aspecto humano y moral del problema, sin adentrarnos en aspectos técnicos y de realización práctica que exceden nuestra misión. Nuestro servicio pastoral se circunscribe a plantear el problema a la luz de la dignidad humana, del bien común y del amor cristiano. 4.5. Al concluir esta Carta, pedimos a Dios, por intercesión de la Virgen María, Madre de todos los hombres, que mueva nuestros corazones e ilumine nuestro entendimiento para que, deponiendo toda actitud violenta, revanchista y prejuiciada, podamos dar una respuesta digna, valiente y cristiana al tremendo “clamor por la tierra”. Nueva Guatemala de la Asunción, 29 de febrero de 1988. Monseñor Próspero Penados del Barrio Arzobispo Metropolitano de Guatemala. Monseñor Rodolfo Quezada Toruño Obispo de Zacapa, Prelado de Esquipulas y Presidente de la Conferencia Episcopal de Guatemala. EL CLAMOR POR LA TIERRA 18 Carta Pastoral Colectiva del Episcopado Guatemalteco 29 de febrero de 1988 Monseñor Gerardo Flores Reyes Obispo de la Verapaz y Vicepresidente de la Conferencia Episcopal de Guatemala. Monseñor Oscar García Urízar Secretario de la Conferencia Episcopal de Guatemala. Monseñor José Ramiro Pellecer Samayoa Tesorero y Prosecretario de la Conferencia Episcopal de Guatemala. Monseñor Víctor Hugo Martínez Contreras Obispo de Quetzaltenango. Monseñor Julio Amílcar Bethancourt F. Obispo de San Marcos. Monseñor Eduardo Fuentes Duarte Obispo de Sololá. Monseñor Jorge Mario Ávila del Águila Obispo de Jalapa. Monseñor Julio Cabrera Ovalle Obispo de Santa Cruz del Quiché. Monseñor Luis María Estrada Paetau Obispo-Administrador Apostólico de Izabal. Monseñor Fernando C. Gamalero González Obispo-Prelado de Escuintla. Monseñor Rodolfo F. Bobadilla Mata Vicario Apostólico de El Petén. Monseñor Juan Gerardi Conedera Obispo Auxiliar de Guatemala. Monseñor Mario Enrique Ríos Montt Obispo Auxiliar de Guatemala. Monseñor Efraín Mérida Admon. Diocesano de Huehuetenang