Tuesday, September 06, 2016
Wednesday, August 24, 2016
Psicología de la guerra: cómo adiestrar a un soldado para matar
Tomado íntegro de: https://cienciaparagentedeletras.wordpress.com/2011/02/17/psicologia-de-la-guerra-como-adiestrar-a-un-soldado-para-matar/
La guerra en el siglo XX trajo consigo unos cambios radicales en el armamento y en las tácticas de combate. Pero en ella el lugar que ocupaba el soldado también sufrió una gran transformación. Lograr de él un guerrero eficaz en este nuevo contexto pasó a convertirse en el objetivo de la cada vez más pujante ciencia de la psicología.
La incorporación de nuevas armas que permitían matar a grandes distancias convirtió los campos de batalla de las grandes guerras modernas en escenarios insólitamente desolados. El avance en formación con el que dirigir a los soldados forzándolos a combatir ya no era viable. La historiadora Joanna Bourke describe en su imprescindible ensayo “Sed de sangre” cómo los generales tuvieron entonces un nuevo enemigo al que hacer frente: la pasividad de las tropas para luchar.
Ante un campo de estudio tan inabarcable como la guerra en el siglo XX, Bourke limita su investigación a tres países (Estados Unidos, Gran Bretaña y Australia) y a tres conflictos en los que estuvieron implicados, las dos guerras mundiales y la de Vietnam.
Durante la Primera Guerra Mundial se estimaba que sólo un 10% de los soldados eran “valientes”. Fueron habituales los pactos tácitos de no agresión en diversos puntos del frente, como la conocida Tregua de Navidad de la que Paul McCartney hizo un pasteloso videoclip, así como la renuencia de los soldados a salir de sus trincheras para asaltar al enemigo, obligados a menudo por sus capitanes a punta de pistola.
Ya en la Segunda Guerra Mundial, un estudio emprendido por el coronel S.L.A. Marshall en los frentes europeo y Pacífico durante la II Guerra Mundial, reveló que apenas el 15% de los soldados americanos dispararon sus armas contra el enemigo, a pesar de que el 80% llegó a tenerlo a tiro en algún momento.
¿Cómo motivar a los soldados para matar?
Puesto que dichas guerras fueron protagonizadas por soldados reclutados forzosamente, el primer paso para cambiar la mentalidad de un civil y transformarlo en un soldado letal estuvo en atacar sus escrúpulos morales. Dado que tradicionalmente los principios éticos han estado anclados en creencias religiosas era primordial proveer de adecuadas justificaciones teológicas para matar al enemigo.
El recurso habitual consistía en considerar al soldado en concreto y al ejército del que formaba parte como un instrumento de Dios para castigar a los pecadores. El “no matarás” podía sortearse interpretando que se refiere al asesinato y una muerte ocurrida en un campo de batalla no lo sería, al serordenada por una autoridad legítima y en beneficio de una comunidad.
Por otra parte, respecto al mandamiento cristiano de perdonar al enemigo “70 veces 7” se señaló que sólo valía si mediaba arrepentimiento y -si aún quedaba reticente algún soldado especialmente atribulado- todavía quedaba en la bolsa de trucos eclesiástica el argumento esgrimido por el Arzobispo de York durante la Segunda Guerra: dado que las almas son inmortales los soldados deben encargarse únicamente de acabar con los cuerpos de los enemigos, algo de poca relevancia moral. Así que basta de darle vueltas.
Enumerar estas razones era una de las labores de los capellanes militares. Una figura presente en los ejércitos de diversas épocas -hay constancia de ellos en la Inglaterra del siglo XIII- cuya función es dar legitimidad a la lucha con su papel de árbitros morales, absolver a los soldados de sus pecados y recordarles en todo momento que Dios está de su lado.
Del capellán al psicólogo
El problema es que un capellán tiene una autonomía y credibilidad semejante a la del defensor del lector de un periódico. Aunque hoy en día siguen existiendo, el progresivo laicismo de las sociedades occidentales a lo largo del siglo XX y el paralelo auge en el prestigio de la ciencia fueron reduciendo el papel de los capellanes en concreto y la religión en general para dar paso a una nueva autoridad moral: la de los psicólogos.
Estos nuevos expertos en el alma humana prometían no sólo reducir las bajas de soldados por “crisis nerviosas” sino investigar nuevas maneras de inculcarles un adecuado espíritu de lucha. Investidos de esta nueva autoridad, los psicólogos al servicio de los ejércitos estadounidense, británico y australiano se lanzaron con entusiasmo a elucubrar sobre la aptitud del soldado ideal con las herramientas teóricas de moda en la primera mitad del siglo: la psicología de masas y la jerga esotérica freudiana.
Así, unos sostenían que matar al enemigo era una forma simbólica dematar al padre. Otros, que era una sublimación de la homosexualidad o, en palabras de Charles Berg “una dramatización de tales fantasías inconscientes, un modo emocionalmente todopoderoso y orgiástico de relacionarse con hombres y no con mujeres”. Consideraron también que el mejor soldado era el psicópata y recomendaron reclutar prioritariamente a jóvenes que hubieran pasado por reformatorios y cárceles.
Creían además que la guerra era una regresión a instintos violentos reprimidos por la sociedad, por lo que se incentivó el entrenamiento con la bayoneta (pese a que durante la primera guerra esta arma sólo provocó el 0,5% de las muertes) y que requería movimientos automatizados. Por lo que aconsejaron un entrenamiento basado en la repetición acompasada de movimientos hasta que el soldado llegara a interiorizarlos de tal modo que pudiera repetirlos robóticamente por muchos disparos y explosiones que le rodeasen. Una doctrina que sigue vigente hoy día por cierto, y que es la base de los milimétricamente ajustados desfiles militares.
Para mitigar el miedo a una situación de combate se promovió un entrenamiento con fuego real, maniquíes a los que disparar e, incluso, en el caso del ejército británico durante la 2º Guerra, se llevó a algunos reclutas a mataderos para que se familiarizasen con la sangre y las vísceras y en sus cargas de bayoneta eran salpicados con sangre de oveja.
Otra idea que gozó de reconocimiento ( y que queda reflejada en “La chaqueta metálica”) era que someter a humillaciones a los reclutas durante el entrenamiento permitiría que acumulasen un odio que luego descargarían sobre el enemigo. En palabras del marine muerto en Vietnam Edward Marks “Las primeras dos semanas aquí te reducen a nada; te hacen sentir menos que una serpiente en un hoyo, y las siguientes 8-10 se dedican a reconstruirte, a la manera del cuerpo de marines”.
Cómo incitar a odiar al enemigo
Para lograr que los reclutas odiasen tan intensamente al enemigo como para desear matarlo, los tres ejércitos que analiza nuestra historiadora promovieron toda clase de pasquines y folletos en los que se mostraban fotografías de los crímenes que el enemigo estaba cometiendo contra las propias tropas. La sed de venganza haría el resto. Pero un recurso especialmente eficiente fue, en tales guerras y en la mayoría de conflictos humanos que en el mundo ha habido, el racismo. Un resorte extraordinariamente eficaz para favorecer la violencia, como se ha demostrado en infinidad de ocasiones y lugares
En la Segunda Guerra Mundial podía verse claramente en los dos frentes abiertos, el europeo y el pacífico. El 67% de los reclutas estadounidenses era partidario de que la raza japonesa fuese aniquilada por completo, frente al 29% que deseaba la misma suerte a los alemanes. Ya en la Guerra de Vietnam, el sargento Scott Camil de la 1º División de Marines explicaba “era como si no fuesen humanos (…) cuando disparaban a alguien no pensabas que estaban disparando contra un ser humano. Era un amarillo o un comunista, así que no había problema”.
Un recurso para deshumanizar al enemigo y evitar titubeos a la hora de apretar el gatillo fue el “body count”. El número de bajas contabilizado pasó en Vietnam a ser el principal indicador de habilidad militar y lograr ciertas cifras era recompensado con cerveza y permisos. Lo que llevó a menudo a que se exageraran las cifras.
Cómo se justifica el soldado ante sí mismo
Pero tras tanta propaganda, entrenamiento y adoctrinamiento en las reglas de enfrentamiento, queda aún el punto de vista subjetivo del soldado. De qué manera ya en plena batalla o tras ella es capaz de evitar sentimientos de culpa ante las muertes que provoca. Bourke ha reunido un extenso número de testimonios de veteranos de guerra que resume en cinco justificaciones fundamentales: Obediencia, reciprocidad, venganza, despersonalizacióny deportividad. Dependía de cada soldado y del escenario de guerra en el que se hubiera visto inmerso el añadir más o menos cantidad de cada uno de esos ingredientes en su autojustificación.
La idealización romántica del combate y las vivencias de alienación (testimonios que inciden en que todo lo que les rodeaba parecía irreal, como una película, o que se veían a sí mismos desde fuera) ayudaron a muchos soldados a ver su participación en la guerra como un paréntesis, algo ajeno, y regresar con normalidad a sus vidas pese al recurrente arquetipo del veterano como un ser permanentemente atormentado al estilo de nuestro héroe del Vietnam favorito, John Rambo. Porque como dice Bourke “incontables estudios han mostrado que cuando se encuentra en una situación extraordinaria la gente común actúa de modos que en circunstancias normales le son por completo ajenos”.
Thursday, July 28, 2016
¿Cómo llegamos a este caos?
Roberto Savio
ALAI AMLATINA, 27/07/2016.- Una maldición china dice “Ojalá que le toquen tiempos interesantes”, ya que demasiados acontecimientos perturbarían el elemento esencial de la armonía, base del panteón chino.
Y estos son, por cierto, tiempos interesantes, en que se acumulan acontecimientos dramáticos, desde terrorismo a golpes de Estado y desde desastres climáticos pasando por el declive de instituciones hasta agitación social. Sería importante, aunque difícil, repasar brevemente cómo llegamos a esta situación de “falta de armonía”.
Comencemos por algo conocido. Tras la Segunda Guerra Mundial, hubo consenso en la necesidad de evitar que se repitiera el horror vivido entre 1939 y 1945. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) fue el foro que reunió a casi todos los países, y la consiguiente Guerra Fría propició la creación de una asociación de jóvenes estados recién independizados, los Países No Alineados, devenidos en una zona de contención entre Oriente y Occidente.
La brecha entre el Norte y el Sur Global se convirtió en el asunto más importante de las relaciones internacionales. Tan así que en 1973, la Asamblea General de la ONU adoptó de forma unánime una resolución sobre el Nuevo Orden Económico Internacional (NOEI). El mundo acordó un plan de acción para reducir las desigualdades, impulsar el crecimiento global y hacer de la cooperación y el derecho internacional la base de un mundo en armonía y en paz.
Tras la adopción del NOEI, la comunidad internacional comenzó a trabajar en ese sentido y tras la reunión preparatoria de París, en 1979, se organizó una cumbre con los jefes de Estado y de gobierno más influyentes en el balneario mexicano de Cancún, en 1981, para adoptar un plan de acción global.
Entre los 22 jefes de Estado y de gobierno presentes, estaban el presidente estadounidense Ronald Reagan (1981-1989), elegido pocas semanas antes, quien se encontró con la primera ministra británica Margaret Thatcher (1979-1990), y ambos mandatarios procedieron a anular el NOEI y la idea de cooperación internacional. Los países diseñarían políticas según sus intereses nacionales y no se inclinarían ante ningún principio abstracto.
La ONU comenzó su declive como ámbito para fomentar la gobernanza. El lugar para la toma de decisiones pasó al Grupo de los Siete (G7) países más poderosos, hasta entonces un órgano técnico, y otras organizaciones dedicadas a defender los intereses nacionales de las naciones más fuertes.
Además, otros tres acontecimientos ayudaron a Reagan y a Thatcher a cambiar el rumbo de la historia.
El primero, fue la creación del Consenso de Washington, en 1989, por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, que impusieron la política según la cual el mercado era el único motor de las sociedades y los estados pasaron a ser un obstáculo y debían achicarse lo más posible. Reagan incluso evaluó la eliminación del Ministerio de Educación.
El impacto del Consenso de Washington en el llamado Tercer Mundo fue muy doloroso. Los ajustes estructurales redujeron drásticamente el frágil sistema público.
El segundo, fue la caída del Muro de Berlín, también en 1989, que trajo aparejado el fin de las ideologías y la obligada adopción de la globalización neoliberal, que resultó ser una ideología todavía mucho más estricta.
La globalización neoliberal se caracterizó por el predominio del mercado, que liberó a las empresas “libres” o privadas de toda obligación con el Estado; la reducción del gasto público en servicios sociales, la que destruyó las redes de protección social; la desregulación, la disminución de toda regulación estatal que pudiera reducir las ganancias, y la privatización, la venta de las empresas estatales, de bienes y servicios a inversores privados.
Además, implicó la eliminación del concepto de “bien público” o “comunitario” y lo reemplazó por la “responsabilidad individual”, obligando a las personas más pobres a buscar soluciones por su cuenta para su falta de atención médica, de sistemas de educación y de seguridad social y luego culpándolas de su fracaso, considerándolas “flojas”.
El tercero, fue la eliminación progresiva de las normas que regían al sector financiero, iniciada por Reagan y terminada por Bill Clinton (1993-2001) en 1999, en el marco de la cual los bancos de depósitos pudieron utilizar el dinero de sus clientes para la especulación.
Entonces, las finanzas, consideradas el lubricante de la economía, siguieron su propio camino, embarcándose en operaciones muy riesgosas y sin relación con la economía real. Actualmente, por cada dólar de bienes y servicios producidos, se generan 40 dólares en transacciones financieras.
Ya nadie defiende el Consenso de Washington ni la globalización neoliberal. Quedó claro que si bien desde el punto de vista macro, la globalización aumentó el comercio e impulsó el crecimiento financiero y global, a escala micro, resultó un desastre.
Los defensores de la globalización neoliberal sostenían que el crecimiento le llegaría a todo el mundo. En cambio, se concentró cada vez más en un número creciente de manos. En 2010, 388 personas concentraban la riqueza de 3.600 millones de personas. En 2014, ese número se redujo a 80 personas, y en 2015, a 62.
Tan así que ahora, el FMI y el Banco Mundial piden que se refuerce al Estado como regulador indispensable. Pero desde la caída del Muro de Berlín, Europa perdió 18 millones de personas de la clase media, y Estados Unidos, 24 millones. Además, ahora hay 1.830 multimillonarios con un capital neto de 6,4 billones de dólares. En Gran Bretaña se pronostica que en 2025 la desigualdad será la misma que en 1850, en plena época victoriana y cuando nacía el capitalismo.
El nuevo mundo creado por Reagan se basó en la codicia. Algunos historiados sostienen que la codicia y el miedo son los dos motores de la historia, y los valores y las prioridades cambian en una sociedad codiciosa.
Volviendo a nuestros días, tenemos un nuevo grupo de jinetes del Apocalipsis, los daños de los pasados 20 años (1981-2001) se agravan en los siguientes 20 años (2001-2020), los que todavía no transcurrieron.
El primer jinete, fue el colapso del sistema bancario en 2008 en Estados Unidos por especulaciones absurdas con los créditos hipotecarios. La crisis se expandió a Europa en 2009, a raíz de la caída del valor de los títulos inmobiliarios, como los griegos. Recordemos que para salvar al sistema financiero, los países destinaron cerca de cuatro billones de dólares, una cifra enorme si se tiene en cuenta que los bancos siguen teniendo unos 800.000 millones de dólares en activos tóxicos.
Mientras, los bancos tuvieron que pagar 220.000 millones de dólares en multas por actividades ilegales, pero ningún gerente fue condenado. Europa no volvió a la situación anterior a la crisis. Además, numerosos puestos de trabajo desaparecieron por la deslocalización de la producción a lugares más baratos y aumentaron los empleos de bajos salarios, además de los precarios.
Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), un trabajador gana actualmente en términos reales 16 por ciento menos que antes de la crisis, lo que afectó principalmente a los sectores más jóvenes, con 10,5 por ciento de empleo promedio en Europa. Sin embargo, el único estímulo al crecimiento es para el sector bancario, al que el Banco Central Europeo vuelca 80.000 millones de dólares al mes. Ese monto habría resuelto fácilmente la falta de empleo juvenil.
Los economistas hablan ahora de una “Nueva Economía”, en la que el desempleo es estructural. De 1959 a 1973, el crecimiento mundial se ubicó por encima de cinco por ciento al año, el que se redujo a tres por ciento en 1973, cuando la crisis del petróleo, que marcó un cambio. Y desde 2007 no logramos llegar a uno por ciento.
Además, hay que agregar el desempleo creciente propiciado por el desarrollo tecnológico. Las fábricas necesitan una proporción menor de trabajadores. La Cuarta Revolución Industrial, que implica la producción robotizada y que ahora representa 12 por ciento del total se elevará a 40 por ciento en 2025.
Algunos economistas, como el estadounidense Larry Summers, una voz oficial del sistema, dicen que estamos en un período de estancamiento que durará varios años. El temor por el futuro se volvió una realidad, avivado por el terrorismo y el desempleo y por el sueño de muchas personas que creen que es posible volver a un pasado mejor.
De eso se aprovechan, figuras populistas, desde el estadounidense Donald Trump a la francesa Marine Le Pen. Una de las consecuencias de la crisis es que en varios países europeos aparecieron partidos populistas, con plataformas nacionalistas y xenófobas, 47 la última vez que se contó. Muchos de ellos ya están en el gobierno o integran coaliciones gobernantes, como en Eslovaquia, Hungría y Polonia, y habrá que prestar atención a las próximas elecciones de Austria.
El segundo jinete del Apocalipsis es el resultado de las intervenciones armadas de Estados Unidos en Iraq, y luego de Europa en Libia y Siria, con un papel particular del ex presidente francés Nicolas Sarkozy (2007-2012).
Eso derivo en que a partir de 2012, Europa comenzara a recibir una inmigración masiva y para la cual no estaba preparada. De repente, a la gente le dio miedo la ola humana que se venía y su impacto en el mercado laboral, la cultura, la región, etcétera, convirtiéndose en un elemento importante del miedo.
Y luego el tercer jinete, fue la creación del Estado Islámico (EI) en Siria en 2013, uno de los regalos de la invasión de Iraq, encabezada por Estados Unidos. No nos olvidemos de la crisis global, que comenzó en 2008, y desde entonces el populismo y el nacionalismo comenzaron a crecer.
El espectacular impacto del EI en los medios y la radicalización de muchos jóvenes europeos de origen árabe, por lo general marginados, acentuó el temor y fue un regalo para el populismo, ahora capaz de utilizar la xenofobia para movilizar a ciudadanas y ciudadanos inseguros y descontentos.
La decadencia de las instituciones europeas llevó a muchos países, tras el brexit, a pedir una profunda revisión del proyecto europeo. El 2 de octubre, Hungría consultará a su ciudadanía: ¿Aceptaría una cuota de inmigrantes impuesta por la Unión Europea (UE) contra la voluntad de parlamento húngaro?
Ese mismo día se repiten las elecciones en Austria por cuestiones de forma, luego de que en las anteriores, la extrema derecha perdiera por 36.000 votos. Le seguirán Holanda, Francia y Alemania, con la probabilidad de que crezcan los partidos de extrema derecha. Asimismo, Polonia y Eslovaquia también quieren realizar referendos sobre la UE. Es posible que para fines de 2017, las instituciones europeas estén profundamente dañadas.
El verdadero problema es que desde la fallida Cumbre de Cancún en 1981, los países perdieron la capacidad de pensar juntos. India, Japón, China y muchos otros atraviesan una ola de nacionalismo.
En Cancún, todos los participantes, desde el entonces presidente francés François Mitterrand (1981-1995) hasta la primera ministra india Indira Ghandi (1066-1977 y 1980-1984), desde el presidente tanzano Julius Kambarage Nyerere (1964-1985) hasta el primer ministro canadiense Pierre Trudeau (1968-1979), compartían ciertos valores de justicia social, solidaridad, respeto por el derecho internacional, así como la convicción de que las sociedades fuertes eran la base de la democracia, excepto, por supuesto, Reagan y Thatcher, la que declaró: “no existe la sociedad, solo hay individuos”.
También consideraban a la paz y al desarrollo como paradigmas de buena gobernanza. Todo eso desapareció. Los líderes políticos actuales, sin ideologías y subordinados a las finanzas se han volcado principalmente al debate administrativo, sobre asuntos puntuales, sin contexto y donde es difícil distinguir entre la izquierda y la derecha. Claramente, estamos en un período de codicia y temor.
El tiempo no ayuda.
En 1900, Europa concentraba 24 por ciento de la población mundial. A fines de este siglo, solo cuatro por ciento. Nigeria tendrá más habitantes que Estados Unidos, y África, que ahora tiene 1.000 millones de habitantes, tendrá 2.000 millones en 2050 y 3.000 millones en 2100. Sería hora de que se discutiera cómo hacer frente al mundo que se viene. Se necesitaron 25 años para llegar a un acuerdo sobre cambio climático, y quizá ya demasiado tarde. En materia de migraciones y empleo, ese tiempo es una eternidad.
Además, ese debe ser un acuerdo global, no solo una reacción impulsiva de la canciller de Alemania, Ángela Merkel, en completa soledad, sin siquiera consultar al actual presidente de Francia, François Hollande. Pero ese tipo de agenda es políticamente inimaginable. ¿Cómo discutir algo así con Le Pen, Trump y otros populistas emergentes en el marco del nacionalismo que se propaga por el mundo?
- Roberto Savio es periodista italo-argentino. Co-fundador y ex Director General de Inter Press Service (IPS). En los últimos años también fundó Other News, un servicio que proporciona “información que los mercados eliminan”. Other News .
En español: http://www.other-news.info/noticias/
En inglés: http://www.other-net.info
URL de este artículo: http://www.alainet.org/es/articulo/179098
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Wednesday, May 18, 2016
Estados Unidos: Preparan al general Mattis contra Trump
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| Donald Trump (foto: Jhon Taggard- Bloomberg/ Getty Images) |








